Padeciendo para Aprender



Cuando aceptamos a Jesucristo como el Señor de nuestras vidas, una de las cosas que necesitamos es cederle nuestra voluntad; nuestra naturaleza a Su autoridad. Esto no es nada sencillo, pues cuando Dios nos pide que hagamos algo que no entendemos o no queremos hacer, esto genera en nosotros diferentes sentimientos como; inseguridad, temor, duda, ansiedad y hasta ira en ocasiones. Es importante saber que Jesús también experimento estos sentimientos. El tomo forma de hombre, siendo Dios. Y vivió en su carne las mismas tentaciones y sentimientos u emociones; pero con la diferencia de que Él estuvo dispuesto a padecer lo que fuera necesario con tal de obedecer a la voluntad del Padre.

En nuestra vida diaria nos enfrentamos a retos y situaciones, no muy diferentes a las que Jesús enfrentó; pero rápidamente nos desanimamos, cuando al primer intento de hacer lo que el Padre nos pide comenzamos a padecer afrenta, escarnio, dolor, burla, amenaza o desprecios. Sin embargo Jesús estuvo dispuesto a padecer siendo perseguido, encarnecido; estuvo dispuesto a ser torturado, crucificado hasta la muerte para darnos la salvación que el Padre quería para nosotros. Es por eso que nuestro dolor no está basado en lo que queremos para nosotros mismos, sino en aquello que Dios Padre quiere para nosotros. ¿Estará pidiendo Dios algo de ti y lo estarás retrasando para evitar aquello que padecerás a causa de tu obediencia?

El capítulo 5 de los Hebreos nos enseña que los cristianos a quienes se dirigió esta carta se habían hecho tardos para oír; habían dejado pasar mucho tiempo antes de hacer lo que Dios les estaba pidiendo. Como consecuencia, su crecimiento espiritual se había estancado. Nos dice el verso 12 Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuales son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche y no de alimento sólido. Pasar años en un templo congregándonos, o ejerciendo un ministerio o una posición, no nos garantiza madurez espiritual. No era que ellos no quisieran alimento sólido, sino que no podían soportarlos; porque no eran capaces de entenderlos. Debiendo ser maestros de la Biblia eran inexpertos. Por causa de no hacer lo que Dios estaba pidiendo, como lo estaba pidiendo y cuando lo estaba pidiendo.

Cada etapa de nuestra vida espiritual trae consigo mayores responsabilidades y privilegios. Hay recompensas que Dios no nos puede dar hasta que aprendamos a valorarlas, hay bendiciones que no serán puestas en nuestras manos hasta que aprendamos a administrarlas. A esto se le llama madurez espiritual y la madurez espiritual es la consecuencia de la obediencia. Sin obediencia nos quedamos estancados como niños espirituales. Y para lograr tener obediencia debemos padecer, debemos sufrir por aquello que Dios quiere para nosotros. No le pidas a Dios que quite el dolor, el sufrimiento, los padecimientos; pídele que los use para perfeccionarte y se cumpla su propósito en ti.

Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.

Hebreos 5:7-10

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