Por la Pinta



No se si han vivido la experiencia de salir en un momento dado a prisa, ya sea al colmado o la farmacia mas cercana a tu casa. Y ni te preocupaste por lo que llevabas puesto o por tu peinado. Quizás calzas "panchunflas" caseras o el famoso "dubi".

Yo si lo he vivido en repetidas ocasiones. Especialmente cuando viví en Puerto Rico. Y mi experiencia siempre fue la misma, aunque visitara la misma farmacia o colmado donde trabajaban las mismas personas que ya me habían visto, no se cuantas veces; el guardia no dejaba de perseguirme por toda la tienda; obviamente mi pinta le decía que llegaba para robar. Muchas veces estuve a punto de decirle que perdía su tiempo vigilándome porque soy cristiana y que mientras lo hacía, muchos bien vestidos y planchados podían estar llevándose hasta los dulces.

También recuerdo una ocasión en que una dama se me acercó para pedirme perdón, porque según ella mi pinta le decía que yo era una persona muy orgullosa y no me soportaba. Sin embargo, luego de conocerme notó que en realidad yo era retraída o poco sociable porque realmente era tímida.

Y es que es fácil juzgar a las personas con ligereza o con poca o ninguna fe en su capacidad de superación; sólo por su pinta. Dicen sin embargo, que si queremos ver cambios positivos en una persona de nuestro entorno la debemos tratar como si ya poseyera la cualidad o el rasgo de carácter que deseamos que exhiba. Sólo eso ya es un poderoso agente de cambio. Lamentablemente muchas veces pecamos de intolerancia, de excesivo rigor o de negatividad hacia nuestros semejantes. Sospechamos lo peor y hacemos predicciones pesimistas que llevan en sí el germen negativo de su cumplimiento.

En este camino he tenido la oportunidad de conocer mucha gente; pero entre ellos a un varón a quien llamaré Carlos, sólo para ocultar su verdadero nombre. Es un hombre de casi dos metros de estatura y 285 libras de peso, un hombre que con su pinta metía miedo. Difícil era acercarse a él, y lo mismo le parecía a casi todas las personas. Hasta que una tarde casi por accidente se dio una conversación con él. Luego de la cháchara inicial, Carlos contó su vida.

Sucedió que de niño estaba jugando con su hermano menor en la calle, frente a su casa, cuando su hermanito fue atropellado por un auto. El chico murió en el accidente y le echaron la culpa a Carlos.

Decía: "Después de eso no se cansaban de decirme que era malo y como todos daban por hecho que lo era, decidí serlo de verdad. Ni siquiera tenía que ponerme verde como "Hulk" para que aflorara mi carácter violento".

El enojo le duró veinte años. Ahora el Carlos que conozco es otro: una persona sensible, inteligente, que además se expresa muy bien. El concepto que se hicieron de él al principio, resultó ser completamente equivocado.

Acordémonos que con la misma medida que medimos, seremos medidos, y que a malos ojos no hay cosa buena. ¡Que fácil seria dar por perdidos, por incorregibles, a todos los Carlos que hay en el mundo! Muchos hacen eso y son destructivos con las personas difíciles. Pero Dios no es así; que bueno que el no mira nuestra pinta. El ve siempre más allá de ella y espera lo mismo de nosotros.

David era rubio de buen parecer según 1 Samuel 17:42. A juzgar por la pinta, hoy David pudo haber sido un modelo de revista o ser juzgado como un metro sexual; pero Dios lo miró como un guerrero y rey de todo Israel.

Lucas 6:37 "No juzguen, y no se les juzgará. No condenen, y no se les condenará. Perdonen, y se les perdonará.

Juan 7:24 "No juzguen por las apariencias; juzguen con justicia"

Santiago 4:11-12 "Hermanos, no hablen mal unos de otros. Si alguien habla mal de su hermano, o lo juzga, habla mal de la ley y la juzga. Y si juzgas la ley, ya no eres cumplidor de la ley, sino juez. No hay más que un solo legislador y juez, aquel que puede salvar y destruir. Tu, en cambio, ¿quién eres para juzgar a tu prójimo?

#Juan724 #Lucas637 #Santiago41112

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