¿Me Amas? Pastorea Mi Rebaño.



En la última reflexión sobre el Buen Pastor, el pastor y las ovejas llegamos al punto difícil de tocar para aquellos que hemos sido llamados a pastorear; hablamos sobre la negligencia pastoral y sus consecuencias. Sin embargo desde un principio queda claro, que ninguna oveja podrá sobrevivir o mantenerse en el redil sin la ayuda de un pastor; se necesitan mutuamente. Pero hoy resaltaremos algunos de los aspectos más importantes conforme a las escrituras, para evitar estas terribles negligencias y sus consecuencias. Y es que a veces, se confunde el liderato pastoral con los demás lideratos; tales como: empresariales, gerenciales, etc. Veamos que nos dicen las Sagradas Escrituras.

Después de la resurrección de Jesús, El se presentó en varias ocasiones a sus discípulos, pero no por mera casualidad, sino con propósitos específicos. Una de ellas fue en el mar, según Juan 21; donde Jesús hizo provisión de peces y alimento a sus discípulos, luego de una noche de pesca fallida. Dice la escritura en Juan 21:15-19 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? Y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.

Dios eligió el momento perfecto para hablar con Pedro, no solo porque tenía su estómago lleno, sino porque Pedro había sido procesado. Toda suficiencia en Pedro se había derribado luego de haber negado tres veces a Jesús y haberse dado cuenta que su carácter realmente era débil e inconstante. Pedro fue procesado para que dependiera totalmente de Dios. Veamos que dice Lucas 22:31-32 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.

Antes de ser procesado, Pedro estaba siendo preparado; pero aún no lo podía comprender. En otras palabras Jesús le estaba advirtiendo antes: Satanás te va a zarandear, vas a caer, te vas a levantar y luego vas a pastorear. Quizás esta sea la parte que muchos pastores olvidan, las veces que fallaron, que cayeron, Dios les levantó y jamás les desechó.

Jesús estaba llamando a Pedro, de la misma manera que hoy sigue llamando a gente común, con debilidades y diferentes caracteres al pastorado; simplemente porque hay muchas ovejas que necesitan ser pastoreadas. No deberíamos sorprendernos por la cantidad de templos que veamos por pastores levantarse, porque realmente en los hospitales un mayor número de ovejas nace a cada minuto. Lo que debe ser para nosotros preocupante es que estos pastores; no vayan tras el Maestro; dice el verso 19 Y dicho esto, añadió: “Sígueme”. Este es otro punto olvidado, el pastor nunca debe dejar de ser un discípulo del Maestro, o sea nunca deja de ser una oveja también del Buen Pastor. Cuando se pierde este punto; el pastor se sentirá auto-suficiente y pensará en hacer crecer la obra por su fuerza. Se enfocará en el número y dejará de apacentar. Sin embargo en la escritura, el crecimiento realmente es madurez, y la madurez de las ovejas sólo se logra apacentando y apacentando en total dependencia del Espíritu Santo.

Veamos que dice Pablo: Hechos 20:28-38; comencemos con el verso 28. Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.

Al utilizar la expresión "su propia", en griego idios, el apóstol usa un término que comunica afecto. Cuando el apóstol afirma que Jesucristo ganó la iglesia por "su propia sangre", expresa que esa sangre fue vertida por afecto, por cariño. El rebaño de Dios tiene un Dueño exclusivo; fue su propósito crearla, lo hizo por amor y no ha transferido a nadie sus derechos. Como fundador, sólo Él define la identidad de su proyecto y sólo Él elige el recurso para que la iglesia se nutra y crezca: "su propia sangre". Esta descripción de lo que es el rebaño de Dios os deja características peculiares a la tarea de apacentar, a la diferencia del concepto de liderazgo que impera en el mundo. Por un lado, el concepto que nos da el apóstol determina quiénes pertenecen al rebaño: los que pertenecen a la comunidad de Dios son aquellos que han sido lavados por la sangre de Jesucristo. Él, y no nosotros, incorpora miembros a su rebaño. Y fíjese que el verso 28 nos dice: "Mirad por vosotros, y por todo el rebaño”. Cuidarse a sí mismos es un aspecto importante en la tarea de los que pastorean. En esencia, esto significa que ningún día de nuestra vida podemos olvidar que nosotros mismos somos "oveja".

El otro aspecto importante de la función del pastor es apacentar a todo el rebaño. En el contexto de las Escrituras, se trata fundamentalmente de "conducir al rebaño a pastos fértiles". En otras palabras, ofrecerle alimentación nutritiva y apetitosa. El que apacienta al rebaño de Dios debe aprender a ser tanto un "nutricionista" como un "chef".

Notemos que cuando Jesús habló con Pedro; su conversación se enfatizó en el amor y el segundo aspecto importante es que lo hizo cuando les había provisto el alimento que necesitaban. Es esto exactamente lo que el Señor quería que Pedro comprendiera y sigue siendo lo que quiere que todos los pastores puedan comprender hoy. Solo que esto no ocurrirá si los pastores se olvidan seguir al Maestro, si se olvidan que son ovejas. Si creen que ya lo saben todo. Jesús supo muy bien cómo alimentar su rebaño siempre, no sólo espiritual, sino también físicamente, eso porque El mismo estaba bien nutrido del Espíritu Santo y la palabra del Padre.

Si lo que el Espíritu Santo nos pide es que el rebaño que apacentamos sea un cuerpo y no un fenómeno deforme, la solución es nutrir a la congregación con toda la Escritura. Por cada parte de las Escrituras que dejemos de lado, veremos vacíos en la espiritualidad de nuestros grupos. No se trata de tener el rebaño contento, sino bien alimentado. La iglesia de Jesucristo necesita de toda la Palabra inspirada por Dios, porque es la única manera en que podrá crecer hacia la plenitud. En el proyecto de Dios, apacentar el rebaño es orientarlo para que mantenga vivo el mensaje de Jesucristo.

Además de alimentar al rebaño, el que apacienta debe estar atento al contexto en que se desarrollan las ovejas. En Hechos 20 el apóstol se refiere, en los versículos 29-30, a los riesgos y amenazas que rodean a la iglesia: hay "lobos rapaces" que introducen ideas ajenas y hablan de cosas perversas con el propósito de arrastrar tras de sí a las ovejas. Por esta razón Pablo insta a los pastores a velar, a mantenerse despiertos y atentos a los peligros que acechan al rebaño. En otras palabras, que pueda nutrirse de toda la Palabra de Dios y aplicar el evangelio a la realidad que vivimos hoy.

El apóstol declara que encomienda a los líderes del rebaño a Dios y a su Palabra de gracia (v. 32). ¿Sobre qué se han de sostener los pastores para realizar su tarea de apacentar el rebaño? "Encomendar" es una palabra hermosísima: significa poner algo en manos confiables. Pablo elige lo más confiable para respaldar la tarea de los pastores del rebaño: los pone en manos de Dios y de su palabra de gracia.

En otras palabras, los coloca sobre el fundamento de la Palabra y la intimidad con el Señor, sobre el cual serán edificados. Sostenidos por el Señor y su Palabra, los pastores estarán seguros y disfrutarán de las bendiciones que implica su tarea.

Si están en manos de Dios, no estarán sometidos a ninguna dependencia humana. Tampoco sucumbirán a una tentación que asedia a los líderes de hoy: la codicia. Pablo dice que no ha codiciado plata, ni oro, ni vestido de nadie. Es en la gracia de Dios donde radica la mejor herencia de los que apacientan al rebaño de la iglesia. Así estarán libres de toda dependencia humana y libre de toda codicia. Pablo puede irse y dejar a los líderes a cargo del rebaño; él no es indispensable, pero sí lo es este fundamento: Dios y su Palabra. Ese es el cimiento que necesitan los líderes pastores para construir su tarea sobre un fundamento inconmovible.

Que al dejar el redil todo pastor sepa que, aunque el faltara por las razones que sea; no será indispensable porque su rebaño estará seguro en las manos de Dios, maduros y fundamentados en la palabra. Y el día que este pastor ya no regrese; su rebaño le llore, le abrace, le bese y le duela en gran manera porque ya no verá más su rostro. V. 37-38 Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, le besaban, doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco.

El llamado a apacentar implica riesgos, conflictos, y a veces fracasos. Necesitamos toda la gracia y el poder de Dios para pastorear a otros y necesitamos, también, ser pastoreados. Con frecuencia, los que ocupan roles de liderazgo pastoral sienten nostalgia, necesidad de que alguien sea pastor en sus vidas. Cuando existe ese vacío, en ocasiones los pastores se sienten limitados en su tarea de pastorear a otros. Y es porque se olvidaron que sí tienen un pastor; El Buen Pastor, que su vida da por sus ovejas.

Pidamos al Espíritu Santo que nos dé gracia para apacentar a todo el rebaño con la totalidad de nuestra vida y la totalidad de la Palabra y del Espíritu Santo; que nos ayude a tener presente al Buen Pastor cada día de nuestras vidas.

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