Someteos a Vuestros Pastores



Esta es pues ya, la última de la serie de reflexiones sobre el Buen Pastor, el pastor y las ovejas. Durante toda esta serie hemos podido comprender desde el más sincero cuidado y sublime amor de nuestro Buen Pastor, Jesús hasta los peligros y consecuencias que podemos sufrir como ovejas, si no tenemos de cerca a un pastor que nos apaciente. Hoy en esta última, pero no menos importante estaremos trayendo las responsabilidades y demandas de nuestro Buen Pastor a todas las ovejas.

¿Cómo demuestran las ovejas que aceptan a Jesucristo como su Pastor? Él mismo dijo: “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen” (Juan 10:27). Escuchar la voz del Pastor Excelente significa seguir su guía en todo, lo que incluye colaborar con los pastores espirituales que él ha nombrado. Jesús indicó que sus apóstoles y discípulos tendrían que continuar la obra que él había comenzado. Debían enseñar y apacentar a sus “ovejitas” (Mat. 28:20; Juan 21:15-17). Cuando las buenas nuevas se difundieron y el número de discípulos aumentó, Jesús se encargó de que cristianos maduros pastorearan las congregaciones (Efes. 4:11, 12).

El apóstol Pablo, que también era un pastor espiritual, escribió a sus hermanos de Colosas: “Cuidado: quizás haya alguien que se los lleve como presa suya mediante la filosofía y el vano engaño según la tradición de los hombres, según las cosas elementales del mundo y no según Cristo” (Col. 2:8). Esta advertencia destaca una buena razón para prestar atención a los consejos basados en la Biblia que dan los ancianos. Entienda que cuando hablo de ancianos, no hablo tan solo de los diáconos de la congregación, ni tampoco específicamente de un número de años; sino de los pastores y líderes maduros, que Dios ha colocado para guiar a las ovejas. Ellos defienden al rebaño al ponerlo en guardia contra cualquiera que trate de extraviarlo. Pedro advirtió que habría “falsos profetas” y “falsos maestros” que intentarían “cautivar almas inconstantes” para llevarlas a pecar (2 Ped. 2:1, 14). Los ancianos de la actualidad deben dar advertencias similares cuando sea preciso. Son hombres maduros que tienen experiencia en la vida. Además, antes de ser nombrados demostraron que comprendían bien las Escrituras y que estaban capacitados para enseñar la verdad (1 Tim. 3:2; Tito 1:9). En resumen, su madurez, su equilibrio y su sabiduría basada en la Biblia les permiten dirigir hábilmente al rebaño.

¿Por qué es posible que a algunos les cueste seguir la guía de los ancianos? Jehová y Jesús son pastores perfectos; en cambio, los pastores humanos a quienes han confiado el cuidado de las congregaciones no lo son. Por eso, a algunos hermanos quizás les cueste seguir su guía. Puede que piensen: “Son tan imperfectos como yo. ¿Por qué tienen que decirme lo que debo hacer?”. Y es verdad, los ancianos son imperfectos. Pero no deberíamos centrarnos en sus faltas y debilidades.

Jehová Dios sabe que los hombres a quienes ha nombrado superintendentes son imperfectos. Pese a ello, no deja de utilizarlos, sino que los ayuda con su espíritu a pastorear a su pueblo en la Tierra. Seamos o no ancianos, se cumplen en nosotros las siguientes palabras: “El poder que es más allá de lo normal es de Dios y no el que procede de nosotros” (2 Corintios 4:7). Así pues, démosle gracias a Jehová por todo lo que logra mediante los superintendentes fieles, y estemos dispuestos a cooperar con ellos de buena gana.

Las Escrituras registran con toda sinceridad las faltas de personas que Jehová utilizó para dirigir a su pueblo en el pasado. Por ejemplo, David fue ungido rey y líder de Israel. No obstante, cedió a la tentación y se convirtió en adúltero y asesino (2 Sam. 12:7-9). Pensemos también en el apóstol Pedro. Aunque se le confiaron muchas responsabilidades en la congregación cristiana del siglo primero, cometió graves errores (Mat. 16:18-19; Juan 13:38; 18:27; Gál. 2:11-14). La realidad es que, a excepción de Jesús, desde Adán y Eva ningún ser humano ha sido perfecto. Por consiguiente, no deberíamos usar las imperfecciones de quienes nos dirigen como excusa para quejarnos de ellos o menospreciar su autoridad. Jehová espera que los respetemos y obedezcamos (Éxodo 16:2, 8).

Pablo aportó otra razón para ser humildes y someternos a los superintendentes cristianos: “Para que ellos lo hagan con gozo y no con suspiros, por cuanto esto les sería gravemente dañoso a ustedes (Hebreos 13:17). Dado que tienen los serios deberes de enseñar, pastorear, encabezar la predicación, criar a sus familias y atender los problemas que surgen en la congregación, los ancianos llevan una gran carga (2 Corintios 11:28, 29). Si nos resistiéramos a seguir su dirección, les haríamos esa carga aún más pesada, lo que los llevaría a suspirar abrumados. Nuestra actitud poco colaboradora desagradaría a Jehová y tal vez nos perjudicaría. Por otro lado, cuando demostramos respeto y un espíritu de cooperación, los ancianos pueden desempeñar sus funciones con gozo. Como consecuencia, todos estamos más unidos y participamos con más alegría en la predicación del Reino (Romanos 15:5, 6).

Es vital que obedezcamos a quienes hoy nos dirigen. Pensemos en el conducto que empleó Jehová para comunicarse con su pueblo en momentos trascendentales. Cuando los israelitas salieron de Egipto, recibieron instrucciones de Jehová por medio de Moisés y Aarón. Para sobrevivir a la décima plaga, tenían que celebrar una cena especial y salpicar sobre el marco de la puerta de su casa algo de la sangre de una oveja degollada. No fue una voz del cielo la que les dijo lo que debían hacer. Más bien, tuvieron que escuchar a los ancianos de Israel, los cuales, a su vez, habían recibido instrucciones específicas de Moisés (Éx. 12:1-7, 21-23, 29). En aquellas circunstancias, Moisés y los ancianos fueron los portadores de los mandatos divinos. Y hoy los ancianos cristianos cumplen una función igualmente vital.

En todos esos casos, a Dios le pareció bien delegar algo de su autoridad. Pero quiero destacar lo siguiente; los pastores o superintendentes velan por nosotros “como los que han de rendir cuenta”. Pastores recuerden que están al servicio de los Pastores celestiales, Jehová Dios y Jesucristo (Ezequiel 34:22-24). Jehová es el Dueño de las ovejas, a las que “compró con la sangre del Hijo suyo”, y pedirá cuentas a los superintendentes, quienes deben tratar a Su rebaño “con ternura” (Hechos 20:28, 29). Por consiguiente, todo anciano a quien hoy se le concede el honor de representar a Jehová en su organización debe tener muchísimo cuidado de no abusar de la autoridad que se le ha confiado.

En fin, realmente todos debemos dar cuenta a Jehová por la manera en que respondemos a la dirección divina (Romanos 14:10-12). Al obedecer a los ancianos, también todos daremos prueba de que nos sometemos a Cristo, Cabeza de la congregación (Colosenses 2:19).

Oremos por todos los pastores y autoridades puestas por Dios y también pidamos a Dios ayuda cuando el obedecer y someternos nos cueste trabajo o dolor; pues nuestro Buen Pastor siempre estará dispuesto a darnos la mano de ayuda cuando lo necesitemos.

¡Dios les Bendiga!


0 vistas
  • Facebook Basic Black