Sacrificio Vivo



He estado inquieta esta mañana y es que Dios está inquietándome ahora por las personas a quienes de alguna manera u otra él ha bendecido. Me refiero a todo tipo de bendiciones, las de tipo materiales, financieras, espirituales y ministeriales; éstas personas que pasaron por largos procesos de espera para recibir aquello que Dios les había prometido, pero también las respuestas a peticiones que presentaron. Ha pasado un tiempo no muy largo, pero suficiente para poner a prueba el carácter frente a la bendición que recibieron.

¿Sabías que Dios decidió bendecirnos aún cuando sabía que se tomaba el riesgo de que al final termináramos amando más la bendición que al Dador de ella?

En Génesis 22:1-2 dice: “Después de esto, sucedió que Dios puso a prueba a Abraham, y lo llamó: “¡Abraham!” y él respondió: “¡Aquí estoy!” Y Dios le dijo: “Toma ahora a Isaac, tu único hijo, al que tanto amas, y vete a la tierra de Moriah. Allí me lo ofrecerás en holocausto, sobre uno de los montes que yo te diré.”

Isaac fue el hijo por el cual Abraham esperó muchos años, por el que oró, sufrió y creyó en esperanza contra esperanza. Fue tanto el deseo de tenerlo, que el Señor tuvo que enseñarle una lección ejemplar: Que en nuestro corazón, una bendición no puede ocupar el lugar del Dador de ella. Las bendiciones tiene un alto riesgo de transformarse para nosotros en un ídolo; en algo que aún siendo dado por Dios, podemos permitir que se interponga entre nosotros y Dios.

Recuerdo que viviendo aún en Puerto Rico, hace unos tres años atrás. El Señor me inquietó a separar unos días de ayuno y oración; así que lo hice. Al segundo día en la tarde Dios comenzó a ministrarme diciendo: “Glenda; yo me despojé, Yo sufrí mucho, lo dejé todo para venir en sacrificio; Yo di mi vida” Y le respondí con lágrimas en mis ojos: “Sí Señor yo lo sé y no lo merecía, pero ¿qué es lo que quieres decirme?” Y me dijo: “Despójate, entrégame tu ministerio. Entrégame tu ministerio evangelístico, porque yo quiero entregarte uno pastoral” Entonces respondí: “Señor es tuyo, nunca me perteneció”

Hoy ya es un hecho; pero aquella tarde puse mi ministerio en holocausto, porque nunca el ministerio podría ocupar el lugar de Dios en mi vida.

Dios hoy puede estar pidiendo que le sueltes la bendición que esperaste por tanto tiempo; la que lloraste, y sufriste, simplemente porque no te pertenece. Cada cosa que hoy puedas tener y disfrutar, está en tu mano porque a Dios le plació prestártela por un tiempo. A otros se las está pidiendo de vuelta por un instante para probar sus caracteres. Dios puede estar pidiendo que sueltes tu trabajo, algo que puedas estar estudiando o tu posición ministerial. Ninguna cosa puede ocupar nuestro corazón, sino Dios. No pongas tu bendición como tu todo. Descansa en Dios, porque ninguna bendición es, ni será más grande que El. Pero sí, grande será el galardón para quienes le obedezcan, aún en las más duras pruebas.

¡Presenta hoy un sacrificio vivo!

Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. Job 1:21

#Génesis2212

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