¡Wow! En el último minuto...



En estos días se ha desencadenado una euforia olímpica por los juegos en Río, Brasil. La verdad es interesante ver la alegría compartida por cada medalla otorgada a cada país, gracias a la digna representación de atletas que han dado la milla extra en sus respectivas áreas. Hasta el que no conoce mucho de deporte llega a involucrarse y las redes se inundan de vídeos y fotos, luciendo los mejores y aún los más tristes eventos.

No solo en las olimpiadas, sino que durante todo el año pareciera que los deportes son como una medicina, que ayuda a aliviar el “stress” de muchos. ¡Qué emoción cuando el gol ganador entra a la red faltando unos segundos para terminar el partido, o cuando el balón entra a la canasta al momento del "pitazo" que pone final al encuentro, o cuando el batazo con las bases llenas da por terminada la entrada y el juego, o el “nockout” del boxeador en el último segundo antes de sonar la campana! Es entonces cuando saltas de la silla o de las gradas y gritas con aprobación. Hay equipos que tienen la reputación de ganar juegos ¡en el último minuto! El problema es que al hacerlo varias veces, el público espera que siempre que vayan perdiendo puedan hacer lo milagroso y ganar una vez más, segundos antes del silbato, ¡en el último minuto! Pero bien sabemos que esas hazañas no ocurren todo el tiempo, y que llega el momento cuando el juego se pierde. Con respecto a ese último minuto; es la voz de Dios que hoy comparto en mis letras.

Algunos viven y hacen las cosas, esperando ese último momento. El estudiante, teniendo todo un semestre, comienza su proyecto unos pocos días antes de vencerse el plazo. Muchos esperan hasta el último día para llenar formularios, hacer solicitudes o pedir extensiones. Aunque decimos: "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy", difícilmente aprendemos la lección, y nos acostumbramos a dejar las cosas para mañana o para más tarde, lo cual nunca llega y cuando llega ya es muy tarde, nadie puede vivir así y esperar que todo vaya a salir bien.

El último minuto puede ser emocionante en el deporte, pero cuando las cosas importantes de tu vida están de por medio, no puedes esperar que siempre ocurra un milagro. Tu problema matrimonial, la crisis en la cual se encuentra tu relación con tus hijos, esa decisión ministerial importante que debes tomar y lo más crítico de dejar para el último momento es no arreglar cuentas con Dios, sino hasta estar en cama, cerca de la muerte física y aún más, cerca de la muerte espiritual. Nada es más peligroso que pensar que tal vez en ese entonces, puedas tener oportunidad para hacerlo.

Para Puerto Rico; la isla que me vio nacer, fue impresionante y triste el error cometido en la salida de la carrera de Javier Culson. Todos comentaban sobre lo increíble que les parecía que un atleta tan experimentado, cometiera un error como ese. Es por eso que no podemos confiar en nuestras destrezas, habilidades, talentos o en cuantos estudios podamos tener, cuando se trata de asuntos espirituales; un grave error, como el de no responder a tiempo, puede sacarte de la carrera.

La Biblia te insta a que al escuchar el llamado de Dios no endurezcas tu corazón (2 Corintios 6:2). ¡Cuán urgente es responder al mensaje de Dios en Cristo! Si esperas hasta mañana, quizás ese mañana no llegue. No esperes hasta el último minuto, responde ahora mismo.

¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. (1 Corintios 9:24)

¡Avanza, corre y obtén tu galardón!

#Reflexión1Corintios924

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