Capacitación



Creo que muchos quedamos impactados el día de ayer con la noticia del fallecimiento del gran cantante y compositor Juan Gabriel. Aunque no acostumbro a escuchar música secular, es difícil para cualquiera, no conocer sobre él, su trayectoria y gran talento musical; que para mi opinión personal era la mejor voz de México. Así, pues el momento fue uno oportuno para hacer memoria de las grandes capacidades musicales que le afloraban.

La música es un medio de comunicación universal, y creo que a todos nos gusta algún tipo de música. Al escuchar la ejecución de una pieza musical, quisiera poder hacer lo mismo. Dios me dio la capacidad de componer algunas letras y hasta la capacidad de entonarlas; poder hacer notas bajas y algunas notas altas. Pero, tengo el problema que aunque me guste la música, aunque me dé gran placer escucharla y mi espíritu se conmueva con lo que escucho, aunque pueda seguir con mi mente el fluir de la melodía y reconocer los diferentes instrumentos, yo no puedo sentarme al piano o tomar el violín, la guitarra o la trompeta, y reproducir lo que he escuchado. No puedo hacerlo porque no he sido capacitada para ello; bueno, yo no toco ni la pandereta.

Al aproximarse su arresto y crucifixión, Jesucristo culminó su enseñanza acerca de aquello para lo que había estado capacitando a sus discípulos. Reunidos para la cena, Jesús se ciñó una toalla y comenzó a lavarles los pies (Juan. 13:4-5). Esto se acostumbraba con los invitados a una casa, era una muestra de cortesía, de etiqueta, de ser un buen anfitrión, pero algo generalmente asignado a un siervo o esclavo. Jesús se adjudicó la tarea para capacitar a sus discípulos en algo que ellos también habrían de hacer. Les dijo: “Si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies… Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. Pues el siervo no es mayor que su señor" (Juan. 13:12-16).

Aquello fue una capacitación en humildad y servicio, estas son virtudes que aprobamos como buenas y admirables, pero que no son naturales en nosotros, y que se nos hace necesario adquirir recibiendo la capacitación adecuada. Cada día veo más y más personas imitar a otros en sus capacidades y las redes sociales se invaden de videos de predicas, promociones, entonaciones musicales, reflexiones, etcétera; simplemente porque a alguien le funcionó, le salió muy bien, adquirió fama y todos desean correr con la misma suerte. Pero hay algo que el Señor me resuena hoy en mi cabeza; la imitación de la capacitación, no te confirma que lo estés, sino todo lo contrario, te reafirma el hecho de que no lo estás y por lo tanto necesitas valerte del plagio.

Quizás tú no has sido entrenado en música o lingüística y sabes que hay muchas otras cosas para las que jamás recibirás capacitación. Sin embargo, Jesucristo puede enseñarte humildad y servicio. Son dos capacidades que se pueden adquirir del Mejor de los maestros, pero no muchos parecen estar interesados en ellas. Mientras otros van corriendo tras la gente con suerte, fama y prestigio, ¿qué tal si decides hacer algo diferente? ¿Qué tal si decides seguir a Jesús, creerle y someterte a sus enseñanzas? Te aseguro que harás la diferencia y serás capacitado en el área de mayor demanda en el mundo espiritual; la humildad y el servicio. Los discípulos creyeron en Jesús, se sometieron a Él, y anduvieron con Él para recibir el entrenamiento necesario: servirle a Él y al prójimo con humildad.

Bien claro lo dijo Jesús -“Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” Mateo 20:26-28

¡Gracias a Dios por quienes deciden hoy romper con los moldes de este siglo!

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