¡Bienvenido Otoño!



Hoy comienza una nueva estación del año y una nueva temporada; se asomó esta madrugada el Otoño, y aún podemos escuchar en él, la voz de Dios en Mis Letras.

A pesar de los desastres ecológicos que ha causado la mano del hombre en la naturaleza, todavía las estaciones se siguen marcando. Esta constancia en la naturaleza es algo que me maravilla, sobre todo cuando veo cómo las obras de los seres humanos son tan cambiantes e inestables. Nos muestra el carácter del Dios creador, que es constante y su fidelidad en la palabra que nos dejó en Génesis 8:22 “Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche.”

Esta es la temporada del año cuando las hojas de algunos árboles se caen y las de otros cambian de color. Nosotros también, los seguidores de Cristo, necesitamos en ocasiones dejar que algunas cosas viejas se desprendan de nuestra vida; tales como: hábitos dañinos y costumbres no cristianas. En otras ocasiones, necesitamos cambiar el color de nuestra vida. Dar lugar a cosas nuevas, a un nuevo ministerio, a nuevas experiencias. Esta es la temporada del año para abrirnos a un nuevo mover de Dios, que El nos renueve, nos cambie, haga morir en nosotros las hojas secas de nuestra vida y nos prepare, después del invierno, para una nueva primavera espiritual.

Pablo nos recuerda esta estación tan importante en nuestra vida cristiana en Romanos 12:2 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

En los próximos días vamos a comenzar a sentir un descenso en la temperatura. El aire comenzará a soplar más fresco y sentiremos la necesidad de ir poniéndonos ropa más abrigada. También en nuestra vida espiritual este es un tiempo para dejar que el soplo fresco de Dios inunde nuestras vidas y nos renueve. Este es un tiempo para buscar a Dios en ayuno y oración. Un tiempo de que Dios nos de una nueva palabra que nos sirva de inspiración y traiga el gozo del Espíritu Santo sobre nosotros.

Jesús nos dijo: “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de donde viene, ni a donde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.” (Juan 3:8)

Muchas plantas y productos se cosechan durante finales de septiembre y principios del mes de octubre. En Europa, los Estados y otras partes del mundo es la temporada en que se celebra la abundancia de la cosecha. Para nosotros los cristianos, estos próximos tres meses deben ser también tiempo de una gran cosecha de almas. Que el Señor nos permita recoger una gran cosecha como resultado de nuestro ayuno e intercesión por ellos.

¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. (Juan 4:35)

El otoño nos habla de renovación, cambio de temperatura y cosecha. Dejemos que el Espíritu de Dios nos renueve, nos regale una nueva brisa fresca y nos haga producir mucho fruto para su gloria.

¡Hagamos de los próximos tres meses, el otoño más hermoso de nuestras vidas!

#ReflexionOtoño

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