¿Ingratitud? ¡Alza tus Ojos!



Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún. Hebreos 6:10

Durante la mañana estuve pensando en todas esas veces que pude ser un verdadero instrumento de Dios. En esas ocasiones en las que fui de bendición a alguna persona, para que se abriera alguna puerta inesperada, para que recibiera alguien una oración de protección, un milagro; para cumplir con compromisos que otros no cumplieron cuando me llamaban de último momento, o dejé de hacer algo importante, cancelé alguna invitación para atender la necesidad de alguien más, entre otras cosas y llegué a la conclusión de que en muchas ocasiones, ni siquiera recibí una muestra de gratitud o alguna empatía cuando fui yo quien lo necesitaba.

La voz de Dios que hoy comparto en Mis Letras, va dirigida a esas personas que sienten que han dado todo cuanto han podido en cada situación pero sin un resultado recíproco.

Tal vez te sientas que eres el único que lo da todo en una situación. Quizá estás lidiando con hijos malagradecidos. Con un conyugue que se aprovecha de tu bondad y mansedumbre. Posiblemente te estés enfrentando a una empresa que te niega una petición especial, después de que le has dedicado los mejores años de tu vida. Y una iglesia que te ha dado la espalda porque quizá actuaste de una manera diferente a la esperada. Hoy quizá estas rodeado de gente que no aprecia quien eres, ni tus cualidades, que se aprovechan de tu generosidad y que no saben mostrar empatía cuando estás en dolor.

Después de que Lot tomó la mejor porción de tierra, dejándole a Abraham la tierra árida y estéril, Abraham debió sentirse decepcionado por la tierra que le tocó. Quizá pensó: “Dios, ¿porque la gente siempre se aprovecha de mi bondad? Lot no tendría nada, si no lo hubiese traído conmigo o le hubiese dado la oportunidad de elegir.

Sin embargo, Dios vio la integridad de Abraham y dijo: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Génesis 13:14-15

Dios mira tu corazón. Nada de lo que haces pasa desapercibido ante los ojos de Él. El lleva registro de todo y te recompensará a su debido tiempo. Cuando bendecimos a los demás, nunca perdemos. Aunque alguien se aproveche de tu bondad, Dios no dejará tu generosidad sin recompensa.

Haz lo que hice yo en la mañana; alcé mis ojos y di gracias por la tierra en que estoy y todo lo que Dios me está dando a través de ella.

Todo lo que puedan ver tus ojos, será tuyo. Eso es lo que Dios hizo con Abraham, y puede hacer lo mismo contigo. ¡Alza tus ojos!

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