¡Congelados!



Hace unos tres años, estuve en el cine con mi hija viendo la película de dibujos animados titulada Frozen (congelados); como quizás también algunos de los que hoy leen esta reflexión. Y vino a mi mente en estos días, luego de varias conversaciones con personas a las que aprecio y que por algún motivo se han visto como congelados en medio de situaciones que ameritan una pronta acción. La voz de Dios que hoy comparto en Mis Letras va para ustedes, igual para todo el que se encuentre en estas circunstancias.

Aunque muchas cosas negativas han sacado de esta película, yo por el contrario, siempre intento buscar el lado positivo y bueno de cada cosa; tomar lo bueno y desechar lo malo. La trama es básicamente la de una joven llamada Elsa, una princesa que nace con una aparente “afección”; todo lo que toca se congela. Luego de jugar una noche con su hermana Anna, sin intensión la lastima, y esta pierde el conocimiento. Los Padres, reyes de Arandelle, llevan a su hermana Anna al bosque en busca de la ayuda de una roca, tipo de un Troll que posee cierta “sabiduría”, para resolver el problema. Pero con la visita, reciben también una profecía que no solo involucra a la princesa Elsa, sino que condena el reino de Arandelle a un invierno eterno. Explicándole a Elsa, que su peor enemigo sería el temor.

Los temores infundidos por su “afección” y por la profesía recibida; provocaron el aislamiento total de la princesa. A pesar de los esfuerzos de su hermana Anna; Elsa jamás quiso compartir con nadie más. Años después Elsa es nombrada reina de Arandelle y esa noche sus temores se hicieron evidentes. Todo el reino se congeló y Elsa se fue lejos. Su hermana Anna, junto a Kristoff, un joven alpinista, va en busca de su hermana para solucionar el problema. Si la reina Elsa no regresa y resuelve el problema, todos morirán congelados. Finalmente acuden nuevamente a la piedra “Troll”, quien les explica que sólo un gesto de amor podrá revertir lo sucedido. Todos pensaron en un beso de amor, pero fue el momento en que Anna dio su vida por su hermana Elsa; quien la había rechazado y despreciado por muchos años, que todo volvió a la normalidad. El amor era la solución del problema.

Pensaba en esta fascinante historia y de cómo puede ser semejante a la de muchos hoy. Ciertamente todos nacemos con “afecciones” que muy bien pueden ser debilidades o faltas para hacer algunas cosas bien. Con el tiempo estas pueden convertirse en nuestros más grandes temores. Tenemos temor a asumir posiciones, a ejercer algún llamado o ministerio, a hablar en público, formar una familia o estudiar alguna profesión; somos presos de nuestros temores. En ocasiones llegamos a sentir, que si tocamos algo o tomamos alguna decisión importante lo arruinamos, lo congelamos todo. Llegamos a decir como Job “Lo que más me temía me sobrevino; lo que más me asustaba, me sucedió. (Job 3:25)

Es aquí, donde la sabiduría de Dios en su palabra nos inspira…En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. (1 Juan 4:18)

Luego de su pecado Adán y Eva sintieron miedo y se escondieron dice Génesis 3:8.

Nuestras faltas y pecados nos provocan temor. Así entendemos que el origen del temor o el miedo esta en nuestros delitos y pecados, en nuestras debilidades humanas. Pero cuando conocemos a Dios y su grande amor, sabemos que todas nuestras afecciones, debilidades, etc. que pueden provocar que lo echemos todo a perder y nos sintamos congelados, son echadas fuera por la gracia del perdón divino. Es así como toda culpa y castigo se disipa.

Nuestro hermano Jesucristo ofreció su vida, mostrando el mayor gesto de amor; descongeló todas nuestras faltas, culpas y pecados.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2 Timoteo 1:7

No es tiempo de dudar de nuestras capacidades para decidir, es tiempo tomar acción, de confiar en Aquel que hizo toda provisión para que venzamos el temor y la falta de fe.

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