Un Año Difícil



En Puerto Rico, la navidad tiene una importancia monumental: se celebra al niño Jesús nacido, se multiplican las reuniones familiares, se enfatiza en el amor y el compartir con amigos. A esto se le agrega, buena comida, interminables fiestas y adornos navideños, que se exhiben desde el mes de septiembre, hasta febrero. En fin; ¡es una temporada de alegría!

Sin embrago hace algunos años, no tuve esa sensación. Había sido un año difícil; me había enfrentado a fuertes opositores en el ministerio, vituperios, vergüenzas y atropellos. No me había sentido muy amada en esos días. Me enfrenté a tales numerosos conflictos, que me sentía desgastada. Aunque vivía en la Isla del Encanto, no me sentía muy encantada y aunque mi Isla se caracteriza por su clima cálido; sentía mi corazón como un témpano de hielo.

Sorpresivamente surgió un viaje misionero para aquella época navideña. ¡Vaya que Dios nos sorprende! Verdaderamente, que Dios tiene sentido del humor. Justo cuando pensaba, que no tenía nada que dar, resultó ser la temporada en que a Dios le plació, que diera aún más.

Por unos 21 días allí, me rodee de gente que no tenía prácticamente nada. No tenían servicio eléctrico, ni un baño, ni agua, ni mucha ropa que ponerse, ni sábanas o abrigos para cubrirse; apenas tenían alimentos y eran contados los que tenían una Biblia, pero no hubo una sola casa donde saliera con mis manos vacías.

Esto me recuerda la historia de la mujer viuda que se encuentra en 2 Reyes 4:1-7. Esta mujer, no había tenido un buen año. Su esposo acababa de fallecer, estaba repleta de deudas que no podía pagar y por consiguiente, estaba a punto de perder sus hijos. En su conversación con el profeta Eliseo, éste le preguntó: “Declárame lo que tienes en tu casa” y la respuesta de aquella mujer fue: “Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite”. Pero el profeta le dio una asignación; ve y pide vasijas prestadas a todos los vecinos, vasijas vacías y no pocas…y hecha en todas las vasijas. Finalmente ella, junto a sus hijos llenó todas las vasijas y sobró aceite.

Creo que a mí me quedaba poco menos de la mitad de una vasija de aceite, pero di de lo que tenía y me topé con mucha gente, marginada, pobres de espíritu y olvidadas, que le dieron calor a mi corazón, aún cuando las temperaturas se encontraban por debajo de los 60 grados. Y comprendí que ese espíritu de navidad, puede mantenerse vivo, aún en las peores circunstancias y que está al alcance de todos. Que cuando no lo sentimos, es porque lo estamos buscando en lugares y cosas equivocadas.

José y María buscaban una posada decente, pero encontraron un establo. Los sabios de oriente buscaban un palacio digno de un rey; pero encontraron una humilde vivienda de un carpintero. Los ángeles buscaban a gente que pudiese divulgar la noticia del Salvador y encontraron a unos simples pastores.

Dios buscaba a alguien que pudiese dar y comunicar su amor y me encontró a mí, aquella navidad. Hoy sigue buscando gente, que aunque parezcan tener poco, tengan el amor de Dios que a otros les falta.

Ni aún el clima más frio en el exterior, puede congelar el amor de Dios que se encuentra dentro del corazón.

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