El Silencio De Dios



Tengo que decir, que disfruto mucho de días de alejamiento. Esos días en que me encuentro a solas con el Señor o conmigo misma. Días que aprendo a disfrutar del silencio. Como en estos días pasados, donde el silencio se hizo escuchar.

Y es que hay alrededor nuestro demasiado ruido, demasiado alboroto. Con sinceridad, me siento cansada de escuchar ver cada día a gente que intentan con toda fuerza ser escuchados. Se coronan de títulos y todo el tiempo hacen un video, con el simple propósito de ser vistos y escuchados. ¿Será por eso que hay tanta gente desesperada por escuchar a Dios en las voces de los profetas?

Hay demasiado ruido en nuestras vidas y ese ruido nos puede estar impidiendo escuchar la verdadera voz de Dios. Sobre el silencio, trata la voz de Dios que hoy comparto en Mis Letras.

Érase una vez un profeta que no poseía ninguna profecía en su portafolio.

Clamaba a Dios noche y día, para que le dijera algo que decir, alguna profecía que articular. Pero Dios parecía no hablar. Solo silencio.

Hasta que el profeta entendió que su profecía era callar. Años pasaron y el profeta no pronunciaba palabras.

“¡No es profeta! ¡Nadie es profeta si no habla!” Se decían en Twitter, Facebook, textos, en las iglesias, guaguas y en las calles.

Había perdido su reputación… mientras, miraba en silencio como a otros profetas parecía que Dios les hablaba más de lo que le había hablado al Abraham bíblico en toda su vida.

¿Será Dios el que les habla?

Creo que moriré si no tengo algo que decir. Pero solo, silencio.

Una noche, cuando se hubo desconectado de las palabras, de su reputación como profeta y del deseo de ser escuchado, le dijo Dios: “De cierto de cierto te digo, que un día te hablaré.”

Pasaron algunos años. Y solo, silencio.

Pero ya sabía él, que el Dios que da palabras es también el Dios que da el silencio.

Pasaron años, y los profetas que tenían algo que decir habían caído presa de sus vicios, o de las revelaciones de sus oscuros interiores. Uno a uno fueron desapareciendo.

“Su lengua los ha castigado. ¡Lo sabíamos! ¿Cómo puede ser que Dios hable tanto?” Se decían en Twitter, Facebook, en textos, en las iglesias, guaguas y en las calles, la misma gente que se burlaba del profeta que no hablaba.

Entonces, Dios apareció en medio del silencio del profeta callado y en forma de letras le dijo: “Estas son las palabras que te doy…“

El profeta que no había dicho nada en años, convocó a la gente.

Todos curiosos se amontonaron en la plaza, con el fin de escuchar que tenía que decir.

Entonces, levantó la voz ayudado por modernos equipos de sonido y dijo:

“Esto ha dicho el Señor: Es preciso que hagan silencio para que puedan escucharme.”

Dicho esto, se retiró y nunca más se le vio.

La gente que habla mucho en el pueblo, en los cafés y en medio del bullicio, decía: “Dios lo arrebató.”

El que tenga oídos para oír que escuche.

Dios envió a su pueblo un profeta mudo; llamado Ezequiel. Su aparente limitación estaba cargada de mucho sentido. Cuando el hombre abre sus oídos para escuchar la voz de los hombres, es cuando los cierra para Dios. Y es cuando se produce el silencio de Dios. La incapacidad de hablar del profeta Ezequiel, quien era un genuino portador del mensaje de Dios, fue como el grito de silencio de Dios.

El silencio de Dios que hoy muchos están sintiendo, es la manera en que verdaderamente Dios nos está hablando. El silencio provocará tal angustia, como el mismo sentimiento de asfixia por la falta de oxígeno. Cuando el pueblo llegue al límite insoportable del vacío, entonces acudirá al Único que puede llenarlo…a Dios y su palabra.

Y tú, hijo del hombre, el día que yo quitaré de ellos su fortaleza, el gozo de su gloria, el deseo de sus ojos, y el cuidado de sus almas, sus hijos y sus hijas, Este día vendrá a ti un escapado para traer las nuevas. En aquel día se abrirá tu boca para hablar con el escapado, y hablarás, y no estarás más mudo; y les serás por señal, y sabrán que yo soy Jehová. Ezequiel 24:25-27

#ezequiel242527

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