Hijos de Luz



Humanamente hablando la oscuridad parece no ser agradable para la mayoría de los niños y diría que tampoco lo es para algunos adultos; suele hacernos sentir temerosos y también perdidos. Pero cuando hablamos de la vida cristiana, el tema de la oscuridad se torna espiritual. Pablo lo expresó en 1 Tesalonicenses 5:5 Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.

Con respecto a este puno espiritual nos es necesario comprender, que en medio de un mundo que está en oscuridad y tinieblas; los que somos llamados hijos de luz debemos marcar la diferencia.

Había un hombre que vivía en una pequeña ciudad. Era una noche oscura, como tantas otras por lo que siempre llevaba su amiga inseparable; su lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches cuando no había luna como esa noche. En el camino, se encontró con un hombre. El hombre lo mira y lo reconoce en medio de la oscuridad y la luz de la lámpara. Se da cuenta de que es José, el ciego del pueblo entonces, le pregunta: ¿Qué haces con esa lámpara en medio de la oscuridad si tú eres ciego? Eso en nada te ayuda.

Entonces, José le responde: Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco este camino, aún en la oscuridad de la noche. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí… No sólo es importante la luz para mí, sino también para que otros puedan también servirse de ella.

¿No sabes que alumbrando a otros, también me beneficio yo, pues evito que me lastimen otros que no podrían verme en la oscuridad?

Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente crea que no lo necesite.

Alumbrar el camino de los demás no es tarea fácil, muchas veces en vez de alumbrar, oscurecemos mucho más el camino de otros. ¿Cómo? A través el desaliento, la crítica, el egoísmo el desamor, el odio, el resentimiento… ¡Qué hermoso sería si todos ilumináramos el camino de los demás, sin fijarnos si lo necesitan o no!

Llevar luz y no oscuridad es parte de la esencia de nuestra vida cristiana. Si toda la gente encendiera la luz de Cristo y permitiera que Él alumbrara a través de nosotros, el mundo entero estaría iluminado y brillaría día a día con mayor intensidad en el amor de Cristo.

Luz, demos luz. Tenemos en Jesús el motor que enciende cualquier lámpara, la energía que permite iluminar en vez de oscurecer. Está en nosotros saber usarla. Está en nosotros ser luz y no permitir que los demás vivan en las tinieblas.

Hoy les dejo estos versos de bendición para que iluminen su semana. ¡Dios les bendiga!

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Juan 1:5

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8:12

#1Tesalonicenses55 #HijosdeLuz

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