El Desafío



Durante el mes pasado me vi rodeada de personas que experimentaron la perdida de seres queridos; aun yo misma perdí a mi abuelo por parte de madre. Lo cierto es que las pérdidas son parte de la vida, aunque se nos hace tan difícil acostumbrarnos a esa idea. Creo que muchos estarán de acuerdo conmigo en que el cementerio, es el lugar donde el proceso se torna más difícil al dar esa certeza del último adiós o de un completo vacio. Sin embargo, muchas veces he escuchado a la gente hablar sobre aquellas palabras que les gustaría fuesen escritas en sus lápidas; esas palabras por las que te gustaría para siempre te recordaran.

Hoy quiero que podamos imaginar que entramos a un cementerio, especialmente a uno histórico. Puede que aún siendo un día soleado, el lugar parezca oscuro y frío. Hay muchas lápidas y por eso quizás no podamos notar alguna diferencia entre unas y otras; pero de repente, vemos algo diferente, algo que llama nuestra atención; vemos una lapida, no muy distinta a las demás, pero con un nombre extraño y acompañado de una breve historia. Solo unas breves oraciones, pero lo suficientemente interesantes como para obligarnos a detenernos.

Hablo de una pequeña historia como la que encontramos en 1 Crónicas 4:9-10. Dentro de muchas genealogías con nombres difíciles de pronunciar y que nos vemos tentados a saltar nos topamos con esta… Jabes fue más importante que sus hermanos. Cuando su madre le puso nombre, dijo: “Con aflicción le he dado a luz”. Jabes le rogó al Dios de Israel: “Bendíceme y ensancha mi territorio; ayúdame y líbrame del mal, para que no padezca aflicción.” Y Dios le concedió su petición. (NVI)

Jabes significa dolor, aflicción y su madre le puso ese nombre porque le dio a luz con dolor. Quizás a nadie le sorprenda que una mujer dé a luz con dolor, pero que nombre a su hijo dolor o agonía puede no ser muy lógico. Lo que Jabes realmente representaba, era el dolor de las circunstancias que rodearon la vida de su madre durante el embarazo y el parto. El dolor emocional, parece haber sido más fuerte que el físico. Cada mención de su nombre, era el recuerdo lacerante del sufrimiento que rodeó su nacimiento.

Probablemente no hubo mucha alegría por su llegada, no hubo “baby shower”, ni el relato de los padres al recibir la noticia de su llegada. Lo que hubo fue…”Cuando viniste al mundo Jabes, la vida para nosotros no podía haber sido peor.”

Así ha sido el nacimiento de muchos; hijos no deseados, hijos naciendo en las peores circunstancias, niños que todos los días son abandonados, adultos que cargan con el dolor y la agonía de las circunstancias que rodearon su nacimiento hasta hoy.

Pero dice la Escritura, que la vida de Jabes se tornó en victoria. Estos versos expresan esto en un juego de palabras, que podemos encontrar escritas en la lapida de alguien común en cualquier cementerio.

Jabes fue más valioso, más notable y más importante en su comunidad que sus hermanos; lo cual es una ironía ya que su madre le dio el nombre de Jabes, que significa dolor, porque le dio a luz en angustia.

El verso 10 nos revela la manera en que se levantó Jabes de esa tristeza y de esa angustia…lo logró con una oración. Y la oración final nos muestra el resultado: Y le otrogó Dios lo que pidió.

La voz de Dios que hoy comparto en Mis Letras va dirigida a quienes vienen cargando con el dolor y la angustia desde su nacimiento. Esos que sienten no valer nada. ¿No crees que es tiempo de levantarte? ¿Cómo quieres que la gente te recuerde? Hay algo que puedes hacer; puedes orar al Dios que levantó a Jabes. ¿Qué te impide orar por una mayor bendición hoy?

¿Aceptas el desafío?

Si tú de mañana buscares a Dios y rogares al Todopoderoso; si fueres limpio y recto, ciertamente luego se despertara por ti, y hará próspera la morada de tu justicia. Y aunque tu principio pequeño, tu postrer estado será muy grande. Job 8:5-7

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