Intervención Medica Divina



Me encuentro muy ocupada en este tiempo; pero siempre que Dios me inquieta con algo que pueda compartir por este medio lo hago, aunque me tome algunos días terminar de redactarlo.

Meditaba en estos días en que por unos diez años fui profesional de enfermería. Salvar vidas es el objetivo de quienes aman la medicina como profesión. Pero tengo que decir: «Jamás ayude a salvar vidas como ahora que ya no soy enfermera, sino pastora»

Sobre estos asuntos de la medicina secular y enfatizando en lo espiritual es la voz de Dios que hoy comparto en Mis Letras.

Veamos Mateo 9:12 ...Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.

Cuando una persona acude a un hospital en busca de cuidados médicos, definitivamente es porque tiene esa necesidad. Nadie quiere acudir a un hospital sólo para sentarse en la sala de espera como un simple espectador.

Si hay algo que los profesores de medicina recalcaban era el hecho de que debíamos estar preparados mentalmente para ver atravesar por las puertas cualquier cosa; cualquier emergencia, y desde las menos hasta las más graves enfermedades.

Hoy por hoy, me esta claro que el templo, es como un hospital. Donde Dios sigue siendo el médico y los pastores sus enfermeras.

Nunca se sabe quien entrará por las puertas y en que forma entrará.

Así como en cualquier hospital, llegan enfermos, algunos de gravedad, que por lo general terminan en el quirófano o intensivo. Estos necesitan horas de intervención, consejería, intercesión y otros no tanto; que son los que son dados de alta en pocas horas. Pero esos que son dados de alta, siempre tendrán la necesidad de seguimiento. El cuidado médico no es un asunto de una visita, sino de cuidado preventivo y seguimiento continuo, que es responsabilidad del paciente y no del médico.

Meditaba en el hecho de que a muchos se les olvidan estos detalles. Y olvidan que necesitan congregarse con regularidad, que cada servicio representa el cuidado de seguimiento y preventivo necesario. Y el hecho aún de hacerlo, jamás nos exime de ser diagnosticados con alguna enfermedad o de contagiarnos con algún virus o bacteria.

Cuando un médico nos hace un análisis, ese análisis consiste primero de observación y luego de confirmación a base de pruebas de laboratorio y estudios. Es por eso que con las pruebas que vivimos cada día y la forma en que las afrontamos, sabemos si hay algún virus, bacteria o enfermedad de gravedad.

Cuando somos diagnosticados podemos actuar de dos formas; una es la aceptación, no sólo de nuestra condición sino también del tratamiento que puede incluir fármacos, cirugía y descanso. Segundo la negación de los mismos.

Quienes aceptan, suelen pasar por un proceso pero pronto llegan a recuperarse y quienes se niegan van en busca de segundas opiniones y en el transcurso empeoran. Es de esta forma que vemos a muchos ser restaurados y a otros buscando irse otras iglesias porque no aceptaron su diagnóstico y el peligro de muerte espiritual aumenta; es sólo cuestión de tiempo para que la persona vuelva a enfrentarse con el mismo diagnóstico, sólo que con complicaciones mayores y con una cadena de muchos contagiados a su alrededor.

Si bien es cierto que en un hospital en ocasiones pueden ocurrir errores de diagnósticos o mala práctica, esos casos son los menos. Siempre es mayor el número de recuperaciones, que de muertes.

Cuando seas diagnosticado en la casa de Dios, recuerda que el seguimiento o tratamiento preventivo como el congregarte o llevar mucho tiempo en el evangelio no te exime de una enfermedad y que para Dios nunca dejamos de ser sus pacientes; segundo que ya se ha hecho un análisis y pruebas que lo confirman. Tercero, que hay un mayor por ciento en que sea cierto a que no, que el tratamiento en su mayoría incluye descanso o sea, el receso de tus funciones ministeriales hasta que estés sano. Cuarto, que aceptar tu diagnóstico te ayudará a recuperarte más rápido y evitar que contamines a otros. Quinto, que el buscar una segunda opinión, sólo retrasará tu tratamiento y te expone a un mayor peligro de muerte. Sexto, que la responsabilidad de tu tratamiento y seguimiento es tuya y no del médico o enfermero. Eres tu quien debes acudir a tus citas y seguir las indicaciones médicas; si desobedeces, es tu responsabilidad.

Decir que estamos sanos, es decir que no necesitamos del Médico de médicos.

Y séptimo, las enfermedades nos llegan a todos en cualquier momento de nuestras vidas, acudir siempre al Médico por excelencia, creer en sus diagnósticos, sin refutar y aceptar su tratamiento, nos garantiza vida abundante.

Hoy doy gracias por tener el mejor Jefe que alguien puede tener y trabajar como «enfermera» para la mejor empresa; el Reino de Dios. Y por cada paciente que ha puesto a mi cuidado, por aquellos que con sencillez aceptan LA INTERVENCIÓN MEDICA DIVINA; sus diagnósticos y tratamientos cada día y avanzan en el camino del Señor, sanos y fuertes.

No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección;

Porque Jehová al que ama castiga,

Como el padre al hijo a quien quiere. Proverbios 3:11-12

#Mateo912

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