Llamados a Discernir los Tiempos



La voz de Dios que hoy comparto en Mis Letras es dirigida a la conciencia de todos aquellos que nos leen.

No podemos vivir nuestras vidas enajenados del entorno que nos rodea.

Durante estos días, Dios ha estado ministrando a nuestra Iglesia sobre nuestras

responsabilidades y el debido compromiso que cada cristiano debe tener con respecto al llamado que Dios nos ha hecho a todos. Y en el hecho de que la Iglesia hoy, está más entretenida que nunca. Este entretenimiento, no solo tiene que ver con las redes sociales y demás formas de entretenimiento; sino específicamente en sus propios asuntos. La gente está ofuscada en sí misma, el carácter de los amadores de sí mismos cada día está fuertemente estableciéndose en la humanidad. La gente esta tan ocupada en su vida y sus problemas, que no han querido prestar atención a lo que nos rodea.

Podemos salir en la mañana y dar una mirada al clima, podemos ver el cielo y decir: “hoy va a llover” solo porque vemos algunas nubes grises.

En Mateo 16:2-3 Jesús dijo: «Al atardecer, ustedes dicen que hará buen tiempo porque el cielo está rojizo, y por la mañana, que habrá tempestad porque el cielo está nublado y amenazante. Ustedes saben discernir el aspecto del cielo, pero no las señales de los tiempos.

Anoche precisamente Guatemala fue estremecido por la erupción de un volcán. La erupción más poderosa registrada en cuarenta años.

Y es que el mundo entero es como un gran volcán. 2 Pedro 3:7 lo describe de esta manera “Los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego.”

En la Biblia, los volcanes y la actividad sísmica están conectados con la ira de Dios, especialmente en el contexto del fin de los días. La tierra que habitamos es una bola de fuego envuelta por una capa de materia sólida, proporcionalmente más delgada que la cascara de un huevo. Solo a unas decenas de kilómetros bajo nuestros pies hierve un magma incandescente. De ahí las erupciones volcánicas que, a veces como la válvula de una olla de presión, liberan a la superficie los elementos en fusión.

Job lo dejo escrito así: La tierra…debajo de ella está convertida en fuego.(28:5)

Nuestros sentidos espirituales parecen estar dormitando cada día. Y no podemos discernir que el mundo se está haciendo como un pantano de fuego y que se acerca el día en que será destruido totalmente.

2 Pedro 3:10 nos revela este hecho inevitable. Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella

hay serán quemadas. Y daré prodigios arriba en el cielo, y en la tierra sangre, fuego y columnas de humo, dice Hechos 2:19

Es lógico que podamos sentir algo de miedo; pero vivir enajenados o ignorando los acontecimientos que nos rodean en el mundo entero, no evitara que el fin se cumpla.

Cada uno debe preguntarse: ¿Dónde estaré yo en ese momento? ¿Está mi vida en orden con Dios? ¿Cómo escapar del juicio?

Solo hay una forma, solo un refugio: Jesucristo, quien acepto ser crucificado para llevar sobre Él, el juicio y castigo contra el pecado de esta humanidad. Cada persona debe arrepentirse y traer a Jesucristo sus pecados para ser liberada de estos juicios y obtener la salvación eterna.

En el año 1979, en la ciudad de Pompeya, Italia muchos decidieron continuar divirtiéndose, sin tomar en cuenta las señales del despertar del poderoso volcán Vesubio; ellos perecieron todos bajo las cenizas.

Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. 1 Tesalonicenses 5:6

Despertémonos, despertemos también nuestros sentidos espirituales y comencemos a discernir los tiempos. No hay razón, ni sentido para perecer.

Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! 2 Pedro 3:11-12

No tenemos tiempo que perder, es el momento de volvernos a Dios en arrepentimiento y vivir la vida que El espera que vivamos; una vida santa y piadosa.

Porque aunque el día del Señor está próximo a llegar, nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. 2 Pedro 3:13

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