Sequía Espiritual



En esta ocasión, la voz de Dios que hoy comparto en Mis Letras va dirigida a quienes están experimentando una sequía espiritual, una temporada de desierto.

Una temporada de sequía, no solo genera sed, sino también hambruna.

La Palabra de Dios nos revela que en los días de David hubo hambre por tres años consecutivos y David busco la presencia del Señor y el Señor le dijo: Es por causa de Saúl y de su casa sangrienta, porque el dio muerte a los gabaonitas. (2 Samuel 21:1)

Entonces; si hay una sequía en su vida, es necesario preguntarle a Dios por qué y Dios le hablará.

Jesús dijo: “mis ovejas oyen mi voz.” Si buscamos a Dios con toda sinceridad, El siempre responderá. Pero es necesario tomar total responsabilidad en aquello que le muestre. Quizás haya algo del pasado que necesite ser corregido, así como le revelo Dios a David.

Las Escrituras en gran medida enseñan que la causa número uno de la sequía espiritual es el pecado. Y que la cura número uno para ella es el arrepentimiento.

En 2 Crónicas 6:26-27, el rey Salomón es muy claro en esta oración: Cuando tu pueblo peque contra ti y tú lo aflijas cerrando el cielo para que no llueva, si luego ellos oran en este lugar y honran tu nombre y se arrepienten de su pecado, óyelos tu desde el cielo y perdona el pecado de tus siervos, de tu pueblo Israel. Guíalos para que sigan el buen camino, y envía la lluvia sobre esta tierra, que es tuya pues tú se la diste a tu pueblo por herencia.

Fíjese que los cielos fueron cerrados, el pueblo estaba aflijido y no hubo lluvia a causa del pecado. Pero cuando el pueblo confesó el nombre de Dios, rectifico y se arrepintió, entonces Salomón oró: “Dios escucha y abre los cielos una vez más y envía lluvia.”

Esta oración es muy importante, y nos revela un poderoso detalle; porque Salomón está orando por el templo. Las Escrituras nos dicen en 2 Corintios 6:16 “Porque vosotros sois templo del Dios viviente.”

Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo y no somos dueños de nosotros mismos, sino que somos templo de Dios. Por lo que, si hay algún pecado en nosotros, necesitamos arrepentirnos para experimentar la lluvia fresca de la bendición de Dios en nuestra vida.

Creo que la Iglesia está perdiendo muchas bendiciones, están viviendo en conformidad a la sequía y al hambre. Están en aflicción, sedientos y hambrientos; pero no acuden al Dios que les libra de esa temporada de sequía.

En Isaías 55:3 y 6, Dios invita a su pueblo a que venga a Él. Inclinad vuestro oído y venid a mí; escuchad y vivirá vuestra alma… ¡Buscad a Jehová mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto esta cercano!

Esta es una invitación para recibir su bendición. De la misma manera que la lluvia trae bendición cuando riega la tierra, haciendo que traiga abundante cosecha de frutos en la vida de las personas, así mismo la influencia espiritual de Dios trae frescura y productividad en nuestras vidas.

¿Cuál es esa influencia espiritual de Dios? Es el impacto de Su Palabra y de Su Espíritu en los corazones de sus hijos que vienen a Él.

Cuando usted viene a Él, responde a su llamado, para buscarle e inclinar su oído para escucharle; Él le hablara y ese efecto de Su Palabra al corazón provoca sensibilidad y arrepentimiento; provocando el mismo efecto que la lluvia tiene en la tierra.

Su Palabra, al penetrar en el corazón, traerá frescura y luz que provocará crecimiento y frutos. Traerá un avivamiento a su corazón saciando toda sed y hambre en el alma.

Corre a Él, ahora que está cercano. ¡Dios te bendiga!

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