Un Asunto Del Corazón



La voz de Dios que hoy comparto en Mis Letras va dirigida a esas personas, que aún no se han percatado de una de las posesiones más valiosas que recibimos, desde el mismo momento en que fuimos formados. Hablo de nuestro corazón. Sí; nuestro corazón es ese bien del que probablemente pocas veces pensamos, el de mayor valor y más codiciado.

A lo largo de nuestra vida, somos expuestos a un sin número de experiencias; de cada una de ellas vamos obteniendo una acumulación de pensamientos con los cuales construimos conclusiones. Una vez llegamos a nuestras conclusiones, ellas son como edificios que forman una estructura, entonces ellos son alojados en alguna parte del terreno de nuestro corazón. Guardamos todos esos momentos, experiencias y las conclusiones de ellos, en el lugar más preciado y precioso, llamado corazón.

Es así como nuestro corazón está ligado a toda experiencia de vida, creencia u condición. Ya sea que estemos vivos espiritualmente o muertos espiritualmente el corazón, siempre es ese terreno que está en medio de todo.

Tan valioso es este terreno, que es codiciado insistentemente por dos reinos; dos reinos que se lo disputan, el reino de las tinieblas y el reino de Dios. Tan fuerte es la contienda, que las Escrituras nos dicen: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.” Proverbios 4:23

Ese bien en el que tan poco pensamos, le estamos descuidando por gran parte de nuestra vida. Prestemos atención ahora y analicemos cuantas construcciones de ideas, creencias y fortalezas hemos enterrado allí. Ante la falta de una completa información de muchas cosas vividas, hemos llegado a nuestras propias conclusiones, que al final son como una falsa de nuestra vida. Es como un gran engaño al que le permitimos nos empuje a vivir una vida farsante.

Jeremías 17:9-10 nos dice al respecto: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.”

Analicemos nuevamente todo lo que allí, en ese corazón hay y la forma como hemos actuado conforme a esas construcciones y fortalezas. Basado en ese estilo de vida, ¿cuál sería nuestra recompensa?

Existe otro tipo de vida, otra manera de vivir, la verdadera vida de un hijo de Dios, que sabe cómo combatir cada experiencia, cada pensamiento; antes de que se formen estructuras de falsedad y fortalezas que luego serán sembradas en el corazón. Esto significa superar a esa vida impostora y farsante que nos creamos en el corazón. Ese corazón que solo el Dios que le creó, le conoce.

Hay una fuente que limpia ese terreno… Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Jeremías 17:7

La confianza en ese Dios y no en nosotros mismos, será la fuente que comenzará a limpiar nuestro terreno más valioso. Y cambiara toda falsedad en absoluta verdad, toda enfermedad del corazón en completa sanidad. Nadie mejor que el creador del corazón para saber como limpiarlo y sanarlo.

Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos. Proverbios 3:5-8

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