¡Diciembre; mes de más!



Después de unos días ausente por aquí; estamos de vuelta. Hablemos de diciembre...

Diciembre es un mes de más. Si; así como lo leyó, es un mes de más. Normalmente hay más preparativos en la casa, más visitas, más gastos. La mayoría disfruta de más días libres, días en que no tienen que estudiar, ni trabajar. Muchas iglesias se llenan más; mientras otros se ausentan, de más. Las organizaciones benéficas obtienen más donaciones y hasta más voluntarios. También puede que comamos y bebamos más de la cuenta y que en consecuencia terminemos con unas libras de más.

Pero hay un más particularmente grande: el regalo más valioso. Podemos imaginar a Dios hace más de dos mil años, observando a los habitantes de la Tierra y pensando: “Parece que no entienden. Les he dado pautas e instrucciones; sin embargo, ¡qué desastre han hecho! ¡Cuánto egoísmo y sufrimiento! Tengo que hacer algo más por ellos. Les enviaré a Mi Hijo. Él les mostrará Mi amor en acción; irá hasta las últimas consecuencias por ellos”.

Y así, en circunstancias nada pomposas ocurrió un hecho extraordinario: nació un bebé especialísimo, se hizo manifiesto el amor de Dios y se produjo un giro radical que permitió que nos relacionáramos con Él de otra forma.

El Salvador; nada más que… ¡El Hijo; es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación!

Vino a traernos paz con Dios y entre nosotros. A Dios le agradó, por medio de Él, reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz.

Esa paz es posible, aún cuando en medio de este mundo caído, pensemos que no. Esa paz es posible para quienes estén dispuestos a recibir la buena voluntad en sus corazones.

Los ángeles decían a los pastores ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres. Lucas 2:14

Estos días pasados ha aumentado el dolor en muchas partes del mundo y densas tinieblas parecen cubrir la tierra y empañar el camino de muchos. Es así como cada año muchos más, se siguen envolviendo en asuntos de más; buscando la paz y el consuelo lejos de quien es el Único que la puede dar.

El apóstol Juan nos cuenta que después de la crucifixión de Jesús Sus seguidores se reunieron a puerta cerrada, descorazonados y confundidos. Milagrosamente, Jesús resucitado se les apareció y les dijo: “Paz a vosotros”. Si le damos cabida en nuestro corazón, esa misma paz se nos promete a nosotros.

Así lo prometió nuestro Dios por las letras inspiradas del profeta Isaías 57: “He visto sus caminos; pero le sanaré, y le pastorearé, y le daré consuelo a él y a sus enlutados; produciré fruto de labios: Paz, paz al que está lejos y al cercano, dijo Jehová; y lo sanaré. Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz para el impío.” V.18-21

Aunque diciembre sea un mes ajetreado por demás; no olvidemos quien debe ser el principal motivo de nuestra celebración, no le cierres tu corazón, no dejes pasar los días sin disfrutar de unos momentos en la presencia de Aquel cuya venida marcó el momento más extraordinario de la historia, ni de compartirlo con los que se encuentran en tempestades y oscuridad; necesitados de Su paz.

Que diciembre sea el mes de más amor, más compasión, más bondad, más gozo, más alegría, más bendiciones y más paz...

¡Gloria a Dios y felices fiestas!

#Lucas214 #Isaias57

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