¡Excusas!



Lograr alcanzar el éxito en cualquier área en la vida exige mucha fe, esfuerzo y sacrificio. Muchos, sin embargo, se acomodan y terminan conformándose con la situación de sus vidas, incluso repletas de derrotas y fracasos. Y lo que no faltan son “excusas” para intentar justificar ante sí mismos y ante los demás los constantes resultados negativos. Eso sucedió con Moisés y puede estar ocurriéndote a ti. La voz de Dios que hoy comparto en Mis Letras va dirigida a quienes saben que tienen planes y propósitos de Dios por alcanzar, pero las “excusas” se interponen.

En el libro de Éxodo encontramos la historia de Moisés y el pueblo de Dios. Dios había oído el clamor de Su pueblo y había descendido con el fin de librarlo de la esclavitud. Él llamó a Moisés desde el medio de una Zarza en el Monte Sinaí y le contó cómo, por medio de él, haría tal liberación (Éxodo 3:3-10). A pesar de la “buena noticia”, Moisés, cinco veces presentó “excusas” para evitar la responsabilidad de ser el intermediario de ese evento.

Su primera excusa fue: ¿Quién soy yo? (Éxodo 3:11) Moisés se sentía inferior. Pensó que Dios había escogido a la persona incorrecta. Esta es una muy mala excusa, simplemente porque Dios nunca se equivoca. La respuesta de Dios fue no importa quién eres. Yo estaré contigo. (Éxodo 3:12) Si entendiésemos que lo que realmente importa es que El este, sabríamos que no habrá NADA imposible.

Su segunda excusa fue: ¿Quién eres Tú? (Éxodo 3:13) Moisés sintió su falta de relación con Dios. No conocía a Dios suficientemente bien para describírselo al pueblo. La respuesta de Dios: Yo Soy el que Soy. (Éxodo 3:14) Ya que Dios sabía que ésta podría parecer una buena excusa para Moisés, se le reveló en el esplendor de una zarza y le hablo de forma personal. Yo soy Dios y también soy Amigo. De hoy en adelante nuestra distante y fría relación puede cambiar, si dejas de poner excusas.

La tercera excusa: ¿Y si ellos no me oyeran? (Éxodo 4:1) Moisés se sintió intimidado. Se preocupó por la reacción que el pueblo iba a tener para con él. ¿Cuántas veces la opinión de los demás logra pesar más que la de Dios? La respuesta de Dios: “Muéstrales Mis señales que ellos te oirán”. (Éxodo 4:2-9) No es excusa; ¿no les di oídos para que oigan? Y a ti te elegí para mostrarles mis señales.

Cuarta excusa: Nunca fui alguien de fácil palabra. (Éxodo 4:10) Moisés se lamentó por sus aparentes limitaciones. La respuesta de Dios fue: ¿Quién dio la boca al hombre? (Éxodo 4:11-12) Bueno; como si Dios no conociera esas limitaciones. A veces se nos olvida que fue Él quien nos creó. Y espera que entendamos, que es en nuestras debilidades donde perfecciona su poder. Entiende que la gloria será de Dios, nunca nuestra. Nuestras limitaciones, no son excusas aceptables.

La quinta excusa: Sé que puedes encontrar a otro mejor. (Éxodo 4:13) Moisés se comparó con los demás, incluso con su hermano, y se observó incapaz. En este punto, Dios Se enojó con él por sus excusas. Le dijo: OK, voy a dejar que Aarón vaya contigo, pero, aun así, TÚ vas a dirigirlo. (Éxodo 4:14-16) El peso del llamado, de mi plan y propósito; estará sobre la persona que elegí, y ese eres TÚ.

Después de todas las excusas, Moisés finalmente HIZO lo que Dios le había pedido. Y la liberación del pueblo ocurrió.

¡Deje de dar excusas, pues Él sabe que usted es capaz! No permita que Dios se enoje. Levántese y actué.

Él no busca a personas que confían en sí mismas, sino a personas que confían en Él. Sobre todo, que obedecen a lo que Él dice. Deje de mirarse en el espejo buscando sus propias limitaciones y comience a mirar al Dios Todopoderoso.

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