Abrumados Sobremanera


“Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte...” 2 Corintios‬ ‭1:8-10‬ ‭


Pablo escribe estos versos y aunque no especifica exactamente en ellos lo que estaba atravesando, los teólogos lo enlazan con lo que dice en Hechos 19 acerca del gran alboroto que tuvo lugar en Éfeso y la amenaza a las vidas de todos los cristianos en esa ciudad.

Pablo debió de estar sometido a un estrés emocional extraordinario y a una amenaza física durante este tiempo. Él nos dice: “Fuimos abrumados en sobremanera más allá de nuestras fuerzas” (v. 8). Este es el peor decaimiento que puede experimentar el espíritu humano, el sentimiento de más profunda desesperación. Pablo dijo: “Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte”. Fue una situación totalmente desesperante, y él se había dado por vencido, pues no había escapatoria posible. Pero luego añade: “para que no confiáramos en nosotros mismos”.


Una de las principales razones por las que Dios nos envía el sufrimiento es para quebrantar el inquebrantable espíritu humano de obstinación en nuestro interior que insiste en intentar resolverlo todo por medio de nuestros propios recursos, humana sabiduría o capacidad, negándonos a reconocer que necesitamos la ayuda divina.

La mayoría de nosotros, hemos llegado al Evangelio, precisamente luego de experimentar una situación en nuestra vida que quebró nuestras fuerzas físicas, habilidades o autosuficiencia; llevándonos al arrepentimiento a los pies de Cristo.

Pablo mismo, debió luchar contra esto de una manera semejante.

Aquí tenemos a este poderoso apóstol, que entendió de una manera tan clara y precisa los principios de cómo hace Dios las cosas, a pesar de lo cual tuvo que pasar por un tiempo de pruebas como estas para que pudiese aprender de nuevo a no confiar en sí mismo.

Usted debe haber leído la historia de Saulo de Tarso; y si no, le animo a conocerla en el libro de los Hechos. El era un joven fariseo, un joven que confiaba en sí mismo y pensaba que no había nada que él no pudiese hacer con su mente brillante, con esa habilidad y lógica. Con esa poderosa y fuerte personalidad e imponencia; ese joven se convirtió en un perseguidor de la Iglesia. Él creía poder resolver cualquier cosa.

Sin embargo, en su lucha por creer que podía vencer a Dios, el fue vencido. Y Dios tuvo que quebrantarle repetidamente, haciendo que pasase por circunstancias que no podía resolver, a fin de que aprendiese a no confiar en sí mismo, sino “en Dios, que levanta a los muertos”.

Ese joven ahora llamado, el Apóstol Pablo después de ser quebrantado; aprendió a confiar en Dios cuando la vida le hizo pasar por toda clase de situaciones, fuesen las que fuesen. Ese es el estilo de vida cristiana que Dios espera que aprendamos a vivir todos los que profesamos su nombre.


Dios espera que lleguemos a considerar estos problemas como oportunidades para exhibir un estilo de vida diferente a lo que fuimos antes de Cristo y mostrar en nuestras propias vidas un poder apacible que mantenga nuestros corazones en paz y humildes, porque sabemos que necesitamos al Dios Todopoderoso. Necesitamos que se ocupe de la situación, cualquiera que sea, porque sólo Él hará que pasemos con bien por ella.


Personalmente tengo que decir lo siguiente: “Yo necesitaba a Dios en mi niñez para mantener el rumbo y enfrentar el "bulling" en la escuela. También como joven soltera que anhelaba un lindo noviazgo y un futuro esposo, viviendo en medio de un ambiente totalmente torcido. Cuando buscaba un empleo en el que pudiese ser realmente útil y así también ahora, con un matrimonio, una hija, y una iglesia que liderar en medio de embates de hostilidad, infidelidad, hipocresía y fuertes huestes espirituales de maldad... definitivamente tengo más de lo que puedo sobrellevar. Necesito a Dios y hace mucho años que lo entendí. Esta vida es difícil. Necesito a Dios cada minuto de cada día, porque con frecuencia y casi a diario me enfrento con «más de lo que puedo sobrellevar”


¿Podrás entenderlo tú también? No trates de vencer a Dios, porque serás vencido.

Comparto contigo el siguiente sabio consejo del gran proverbista Salomón:

"Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia.

Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas." Prov. 3:5-6

¿Que tal si oramos? Señor, ayúdame a dejar a un lado mi autosuficiencia, auto sabiduría y competencia. Ayúdame a entender que Tú has enviado estas situaciones para mostrarme una mejor solución de una manera distinta a la mía. Y ayuda a que mi corazón pueda confiar y descansar porque yo cuento con un Dios vivo que hará algo que yo no puedo hacer siempre que lo necesite. Y lo hará siempre, para mi bien. En el nombre de Jesús. ¡Amén!

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