ANSIOSA PREOCUPACIÓN


La voz de Dios que hoy comparto en Mis Letras, va dirigida a los ansiosamente preocupados.

¿Por qué nos preocupamos? Jesús dice: "Pues si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás?" Lucas 12:26. Dios es capaz de todo, pero nosotros realmente ni lo más mínimo a veces somos capaces de hacer. Basándonos en esta verdad, deberíamos, con mayor razón, comenzar a obedecer la siguiente palabra: "… echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros." (1 Pedro. 5:7)

Pero para esto debemos estar en una muy estrecha conexión con Él. En realidad solo los discípulos son quienes tienen tal conexión con Él; los que han nacido de nuevo a una esperanza viva.

Si se está sin Dios y sin esperanza en el mundo, entonces se vuelve difícil echar toda nuestra ansiedad sobre Él y uno comienza a preocuparse por todo. Estar sentados en medio de una congregación cada semana no da garantía de una relación con Dios. Si no hablamos con Él, si dejamos de orar, tal relación y conexión no existe. Si no estás orando, estás apartado de Él. No podemos decir que tenemos relación con alguien con quien no hablamos.

Dejamos de hablar con Él porque dejamos de creer en Él y en su Palabra.

Por la fe en Él y en su palabra, montañas de preocupaciones pueden derribarse para luego arrojarlas a las profundidades del mar. ¿Cuánta ansiedad queda si hemos recibido una fe viva en Romanos 8:28? "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados."

Así todas las nubes de ansiedad desaparecen, y nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación. (Malaquías 4:2).

La ansiedad nos hace envejecer antes de tiempo, es causa de las úlceras en el estómago, acidez y temores que nos fatigan e impacientan por cosas en ocasiones ridículas e insignificantes y hasta inusuales o remotas de ocurrir.


La exhortación la oímos hoy: "Por nada estéis afanosos" (Filipenses 4:6).

La gente puede llegar a afanarse prácticamente por todo. La ansiedad es una enfermedad corrosiva, como una serpiente que se arrastra alrededor de los pensamientos, estrangulando nuestra vida en Dios, además tus pensamientos se mueven en un laberinto oscuro, y pensamientos destructivos aparecen, una y otra vez paralizando tu caminar en el Señor.

Pero cuando echas sobre el Señor todas tus cargas, el cielo se abre.

En Apocalipsis 4:1 está escrito: "…miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo;… hablando conmigo, dijo: Sube acá"


Cuando creemos que la vida se nos viene abajo, es necesario mirar hacia arriba. Ahí arriba hay luz, con nuevos pensamientos edificantes y de esperanza que han estado desde antes de la fundación del mundo. Y habrá lugar en nuestras mentes y corazones para que estos pensamientos vengan al interior, y puedan darte una visión clara. "¡Ved aquí al Dios vuestro!" Isaías 40:9.

Al ver a Dios, te das cuenta de lo pequeño que eres y lo insignificante y ridículo que son tus problemas en realidad frente al Dios Todopoderoso.


La preocupación y la ansiedad se comían tu energía e iniciativa, pero ahora mirándole a Él, llega una nueva energía que te llena de deseo para levantarte y servir. Encontrarás que ya no eres impulsado y asediado por tus propios pensamientos. El yugo de preocupación se rompe en tu vida, por lo que también puedes ayudar a otros a liberarse y a dar consuelo a las almas que sufren.

Entonces en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía (Isaías 58:10).


Ejercitémonos en echar toda nuestra ansiedad sobre Él. Esto es sin lugar a dudas, uno de los "deportes espirituales" más importantes que se pueden practicar diariamente.

Dios es tan misericordioso que Él tira todos nuestros pecados a las profundidades del mar, así que aprovechemos esta increíble oferta: Echemos toda nuestra ansiedad sobre Él. (1 Pedro 5:7). Porque Dios puede lograr cosas que, para nosotros, son imposibles (Mateo 19:26).

Entonces; descansa en Él. La ansiedad es una carga que Dios jamás quiso que llevaras.

¡Dios te bendiga!


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