Con una condición...




Una de las experiencias espirituales más fuerte y más hermosa que he experimentado fue en un periodo de tres días de ayuno. Durante esos días, había podido discernir por el espíritu, que el Señor quería hablar algo muy importante a mi vida. Debía separar un tiempo para Él y dialogar con calma. El segundo día del ayuno durante la noche, el Señor comenzó a ministrarme; para no entrar en los detalles, me dijo tres frases; la primera: “Glenda, yo sufrí mucho.” Le respondí: “Si Señor, lo sé; creo que demasiado, pero no entiendo que quieres decirme. Nuevamente habló diciendo: “Glenda, yo me despojé. Ya con mis ojos llenos de lágrimas y mi rostro pegado al suelo, por la inmensidad de su presencia sobre mí, le respondí: “Si Señor, lo dejaste todo, tu reino, tu trono, tu gloria para venir a nosotros y no tenías que hacerlo porque no lo merecíamos; pero aun no entiendo lo que quieres decirme”. Entónces respondió: “Glenda, te estoy pidiendo que te despojes. Quiero que me entregues tu ministerio evangelístico.” El hizo una pausa y esperó mi respuesta. Entonces, respondí: “Es tuyo, siempre ha sido tuyo, nunca fue mío, yo nunca lo pedí; te lo entrego”. Solo después de mi respuesta, me dijo: “Ahora voy a darte el ministerio pastoral”.

Él esperaba mi respuesta; después de dieciocho años como evangelista. Siempre he creído que hay muchas cosas que Dios hará en nuestras vidas condicionadamente. Entregarme el misterio pastoral dependía de la condición de mi respuesta. La respuesta que Dios espera de nosotros, siempre conllevará sometimiento y obediencia. Con respecto al sometimiento y lo que nos dice la Escritura al respecto es la voz de Dios que hoy comparto en Mis Letras.


Someterse significa renunciar voluntariamente al control de nuestra vida. Sometimiento, es una de las cosas que más nos cuesta cumplir ya que, por naturaleza, los seres humanos no nos gusta someternos a nadie. Pero en la vida cristiana y en el ámbito espiritual, es una de las llaves que abre puertas a las bendiciones y promesas de Dios.

Muchos de nosotros sabemos de memoria el versículo de Santiago 4:7: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Pero este versículo, más allá de ser una frase popular entre el pueblo cristiano, debe ser vida en nuestro diario caminar. En primer lugar, debemos someternos a Dios y de esto depende que podamos resistir al diablo para que huya de nosotros. El hecho de que el diablo huya, está condicionado a nuestro sometimiento.

Cuando la Biblia habla acerca de someternos a Dios, está hablando de tener una verdadera relación personal con Él, es vivir cada día agradecido, es obedecer su Palabra y convertirnos en siervos fieles de Dios que anhelan y luchan cada día por vivir en santidad, en una lucha constante contra el pecado. Es un asunto de morir a nosotros, de negarnos a nosotros mismos... Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí...Gálatas 2:20

Además, la Palabra de Dios nos dice: Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.

Y Hebreos 13: 17 nos dice: Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.

Que es lo que te impide someterte y sujetarte. Tenemos que renunciar a todo lo oculto y vergonzoso que esté evitando nuestro sometimiento total a quien nos compró a precio de sangre y toda autoridad establecida por Él. Tus bendiciones y promesas, pueden llevar mucho tiempo detenidas. En otros casos, y tristemente se han tomado ministerios ilegítimamente, por la fuerza o por persuasión; pero finalmente llegara el día en que todo quedara al descubierto… “De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.” (Juan 10:1)

En Filipenses 2:8 se dice de Cristo que “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Al someterse a la voluntad del Padre, se despojó a sí mismo para que la voluntad de Dios pudiera cumplirse a través de su vida, muerte y resurrección.


El Señor me pidió me despojara, me sometiera y sujetara; esa fue la condición para recibir mi promesa y poder decir que legítimamente recibí el ministerio pastoral, que me fue entregado por su propia mano y que ahora administro. El asunto de vencer al enemigo, no es uno de atarle, sino más bien de someterse a Dios y a las autoridades.

Necesitamos imitar a Cristo.

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