El hijo del carpintero...

Actualizado: 10 de sep de 2019


Con el transcurso de los años en el camino del Señor me he percatado de la diversidad de opiniones con respecto a mi persona. Están aquellos que me conocen de cerca, los que creen que me conocen por la opinión o experiencias de otros y los que han estado distantes por mucho tiempo, que creen me conocen, pero que su opinión está basada en lo que conocieron de mí en algún punto de mi pasado. Con respecto estereotipos, a quienes somos y opiniones, es el tema que escucho en la voz de Dios que hoy comparto Mis Letras.

El ser humano, por naturaleza y específicamente creo, que por nuestra naturaleza pecaminosa suele crear estereotipos o ideas sobre otros muchas veces basados en lo físico, conducta, estilo de vida, alguna experiencia u opinión de algún tercero. De ahí, se forman los sobre nombres; el loco, el adicto, el manco, la prostituta, el falso, la orgullosa, etc. Por cierto, la Escritura nos revela este hecho; como, por ejemplo: La estéril mujer de Manoa (Jueces 13:2), Bartimeo, el ciego (Marcos 10:46), el joven desnudo (Marcos 14:51), el hombre cojo (Hechos 3:2) y el hijo del carpintero (Mateo 13:55). Estos ejemplos bíblicos nos confirman, que desde la antigüedad los estereotipos forman parte de la vida en este mundo.


No es un secreto, que Jesús tenía una personalidad impactante. Era manso como paloma, pero astuto como serpiente. Era humilde y sencillo, sin embargo, la gente le seguía; el era compasivo y hablaba con autoridad. Su personalidad impactaba, era diferente y donde llegaba transformaba el ambiente. En el transcurso de su vida, Jesús visito la ciudad de Nazaret; el lugar donde creció con su familia. Allí se encontró con muchas personas que se decían las unas a las otras: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? ¿No es éste el carpintero?... (Marcos 6:2-3)

Es verdad, era el hijo del carpintero…, pero era también el Hijo del Dios Creador, el Hijo del Todopoderoso, la manifestación de Aquél que tiene el mundo entero entre Sus manos. ¡Qué paradoja! Probablemente estas personas cuestionaban a Jesús porque durante 30 años su vida había sido totalmente normal y corriente. Vivió como un sencillo artesano, un experto de la madera… y, sin embargo, era plenamente Dios.

El libro del evangelio según Juan, nos relata el momento en que Felipe tiene un encuentro con Jesús y él no duda en contarle a Natanel su amigo, aquella impactante experiencia; además de afirmarle haber hallado al Cristo que por años los profetas habían anunciado. Ese Cristo, había crecido cerca de ellos y quién sabe cuántas veces se habían cruzado por años en el camino, mientras crecían. La historia lo dice así… Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. (Juan 1:45-46)

La mirada de sus contemporáneos estaba impregnada de incredulidad y duda. Veían a Jesús a través del filtro del pasado, y no por el impacto de su actual vida y los milagros que estaba llevando a cabo en ese momento.

Esto es lo que dice el profeta Isaías: “¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?” (Isaías 53:1).

¿Quién de ellos creyó y reconoció a Jesús como el Mesías? Ciertamente, muy pocos creyeron; considerando la magnitud del poder y la evidencia en la persona de Jesús, el Hijo de Dios.


Personalmente; ya no soy quien fui en mi niñez, ni tampoco quien fui hace diez, cinco o dos años y no soy ni siquiera la que fui ayer, pero pocos probablemente lo creerán. Si le paso a Jesús, el Tronco; créame nos pasara también a las ramas.


En el transcurso de tu vida cristiana, muy seguramente te cruzarás con personas que no reconocerán lo que Dios ha hecho y está haciendo en tu vida. Pero no importa lo que piensen; lo que cuenta verdaderamente es que cada día permitas que la mirada de Dios se pose sobre ti, sobre tu alma; que le permitas al Espíritu Santo que te examine y te revele lo que tiene que decirte a ti personalmente y te rindas a Su voluntad.

Te invito a que no vivas según la opinión que otros tengan de ti, ni en función de lo que perciban ni digan de ti, sino de lo que Dios dice. Entonces, sí...a veces te verán y te tratarán como “el hijo o la hija del carpintero”, y no como “ el hijo o la hija del Rey de reyes”, ¡pero no dejes que esto te desanime y te impida cumplir lo que Dios ha puesto en tu corazón! Sόlo responde Ven y ve. ¡Eres quien Dios dice que eres! ¿Amén?

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