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EN EL ÚLTIMO VAGÓN


Todos los años, en el verano, papá acompañaba a su hijo en tren hasta la casa de la abuela. Luego, regresaban a casa en el mismo tren al día siguiente.

El niño, cuando creció, le dijo a su padre:

– Ya soy mayor, ¿qué dices si este año intento ir solo donde la abuela?

Después de un breve debate, el padre estuvo de acuerdo. Ahí estaba parado el padre en el andén de la estación, dando las últimas recomendaciones. Mientras; desde la ventana, el hijo repetía:

– ¡Sí, lo sé, lo sé, ya lo has dicho cien veces …!

El tren estaba a punto de partir y el padre dijo: – Hijo, si de repente te sientes mal o tienes miedo, ¡esto es para ti! – y puso algo en el bolsillo de su hijo.

El niño estaba solo, sentado en el vagón, sin su padre, por primera vez, mirando curioso desde la ventana. Alrededor, extraños empujaban, hacían ruido, entraban al compartimiento, salían, el conductor hacia comentarios sobre el hecho de que estaba solo, alguien incluso lo miró con pesar y de repente el chico se sintió muy incómodo y triste, cada vez más.

Agachó la cabeza, se acurrucó en un rincón del asiento y las lágrimas comenzaron a fluir.

En ese momento recordó que su padre le había puesto algo en el bolsillo. Con mano temblorosa buscó a tientas y encontró un papel, tenía escrito esto:

– Hijo, estoy en el último vagón…


Los niños suelen tener una idea simple de las cosas sólo por observar a los demás hacerlas. Pero cuando corresponde llevarlas a la práctica pueden notar la gran diferencia.

En nuestra inmadurez como seres humanos solemos comportarnos de la misma manera. El tren de la vida puede parecer curioso y definitivamente tentador para subirse solo en él, sin embargo, finalmente es incierto, engañador y traicionero.


Muchos andan vagando solos en el tren de la vida, porque han llegado a creer que ya son grandes, que es fácil y que no necesitan la ayuda del Padre en su travesía. No obstante; el Padre que conoce muy bien las estaciones del tren donde nos ha montado también nos dejó dicho: «No voy a dejarlos solos...» Juan 14:18 TLA


Si tu camino se ha vuelto incierto, aterrador, difícil y doloroso para viajar sólo, recuerda...

—¡Hijo, estoy en el último vagón!


Corre hoy al encuentro con tu Padre.






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