FUERZA Y PODER


No es necesario ser alguien elevadamente espiritual para poder discernir que estamos viviendo tiempos peligrosos.

No hablo de la pandemia mundial, el deterioro social o los conflictos nacionales.

Hablo del peligro espiritual que hemos enfrentado a lo largo de todos los tiempos, pero que ahora vivimos y seguiremos viviendo en mayor aumento.

Hoy se habla más de la armadura espiritual que lo que se experimenta realmente. Cuando hablo de experimentar la armadura espiritual; me refiero a hacer verdadero uso de ella en una forma efectiva. O sea, no es sólo recibir el ataque del enemigo, sino poder resistirle y vencerle.

El apóstol Pablo nos exhorta lo siguiente al respecto: «…Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza…» Efesios 6:10

No podemos usar la armadura de Dios correctamente, ni destacar su importancia, sin antes analizar esta indicación que el apóstol Pablo hace al principio de este pasaje, y es que, ¿de que serviría una armadura tan efectiva y tan poderosa, si el soldado en sí mismo no tiene la fuerza, el poder y la capacidad de usarla?

Sería como enviar a la guerra a un soldado con el equipo más avanzado, incluyendo el rifle más poderoso, el uniforme blindado más eficaz, pero si es un soldado, con anemia, tuberculosis, desnutrición, y deshidratación; estaría condenado a fracasar, por su falta de capacidad física y personal; de la misma manera el hijo de Dios debe estar consciente que Dios es la fuente de poder para fortalecer su vida; la primera parte de la indicación es «Fortaleceos en el Señor» en Él, debemos ir a Él, pasar realmente tiempo con Él para ser fortalecidos con su presencia, que en sentido literal es: amurallarnos con su presencia, de manera que el enemigo no tiene ninguna posibilidad de traspasar la fortaleza o muralla que nos protege, la cual es Dios mismo. «Más tú, Jehová eres escudo alrededor de mi; Mi gloria y el que levanta mi cabeza.» Salmo 3:3; esto lo podemos ver claramente cuando David decide no usar la armadura del rey Saúl para su lucha con el filisteo Goliat, y confiar en Jehová como su escudo y fuente de poder.

El mismo David lo dice en 1 Samuel 17:37-47. «Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo… Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos.»


De manera que aprendemos que la victoria radica en el poder que viene directamente de Jehová de los ejércitos depositado en aquellos que confían en Él y le entregan toda la gloria. David nunca le llama a Goliat gigante, siempre se refiere a él como «el filisteo» David en realidad sí miraba a un gigante, pero sin duda no era Goliat, el Gigante, para él es el Dios de los escuadrones de Israel y en Él decidió fortalecerse.

Antes de usar la armadura de Dios, amado hermano decide fortalecerte directamente en el Señor quien es y será tu muralla y fortaleza protectora.


La segunda parte de la indicación es: «en el poder de su fuerza» es la invitación de usar el mismo poder de Dios en nuestra vida, para estar fuertes y vigorosos en la guerra espiritual. De aquí que antes de entender y usar la armadura de Dios hay dos cosas más importantes:

1. Fortalecerse en el Señor.

2. Fortalecerse en el poder de su fuerza.


Una vez que entiendes y recibes la presencia de Dios y el poder de su fuerza, entonces estas listo para entender y usar la armadura de Dios.

Esta segunda indicación del apóstol Pablo también nos hace pensar en la importancia de despojarnos de toda soberbia, arrogancia, vanidad o creencia de que podemos vencer al enemigo solo con la experiencia que tenemos; cuando un hijo de Dios cree que la experiencia, conocimiento o años en el evangelio son suficientes para vencer y se cree un especialista en guerra espiritual, lo más común será que la arrogancia y vanidad le invada, y lo que es peor, esta en peligro de robar gloria a Dios, esto le provocará fracaso, frustración y la derrota tarde o temprano.


Verdaderamente el Señor anhela darnos la victoria que Cristo Jesús ya obtuvo en la cruz, por tanto es necesario «Fortalecerse en el poder del Señor» esto implica «humillarse bajo la mano poderosa de Dios» 1 Pedro 5:5-6. Y confiar en la palabra que Dios nos ha dado «Bástate mi gracia porque mi poder se perfecciona en la debilidad» 2 Cor. 12:9-10.


Cuando reconoces tu debilidad y pequeñez en forma humilde, y buscas su presencia a través de una comunión significativa y constante, Dios te provee de su gracia y poder para vencer.


Es mi deseo que puedas vencer toda acechanza del enemigo; no sólo este año, sino cada día de tu vida. Equípate fortaleciéndote en Él y en el poder de Su fuerza primeramente; y luego sal a vencer.



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