TRANSFORMACIÓN


Sobre el proceso de transformación, es la Voz de Dios que hoy comparto en Mis Letras.


Mientras conversaba con una mujer que estaba llena de resentimientos por las aparentes incomprensiones de su esposo, podía notar sus gestos de coraje, además su búsqueda de aceptación en sus intenciones de ir al divorcio. La dejé que hablara y durante casi una hora resaltó todas las cosas negativas que pudo sobre su conyugue, sus limitaciones, incompetencias y faltas, algunas hasta en un tono burlón. Me quedé callada hasta que me dijo: "quiero que me des un consejo porque ya he orado por mucho tiempo que Dios cambie a este hombre". Entonces le respondí: "¿Qué tal si cambias la oración? Desde hoy comienza a pedirle a Dios que te cambie a ti.

Todos los seres humanos necesitan una transformación, pero sólo aquellos que están en Cristo han podido experimentar el proceso. El apóstol Pablo escribió a los filipenses "…Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" Filipenses 1:6. Pablo estaba no sólo completamente convencido de que necesitamos ser transformados, sino también de que nuestro Dios, tiene todo el poder para obrar ese cambio.

Los seres humanos necesitamos considerarnos como seres en necesidad de cambiar, tanto como para ser capaces de obrar en favor de ese cambio. Nunca debemos vernos como inmutables, santos, perfectos aún más allá de cualquier reforma; de ser así nunca se verá el progreso. Y es que el problema esta en que la mayoría de nosotros nos resistimos a cambiar. Estamos desesperadamente ansioso de ver cambios, pero en los demás. Los rasgos de personalidad en otros nos molestan y deseamos cambiarles. Pero pasamos por alto consientes y quizás inconscientemente nuestro propio modo de ser y nuestra satisfacción en ello. Esto no es otra cosa que querer quitar la paja del ojo de los demás, mientras admiramos la viga que llevamos en el nuestro. Sus fallos, faltas e incapacidades nos parecen detestables, mientras miramos complacientes aquellos que son los nuestros.

Pablo, quien había sido el Saulo, temerario perseguidor de la iglesia y que al escribir ahora era el apóstol Pablo, sabía muy bien que había sido sólo por la gracia y el poder perfeccionador del Dios que había comenzado Su obra en él desde el día que fue camino a Damasco. Ese Dios estaba obrando en su vida, pero a su vez Pablo también escribió a los filipenses: "Hermanos, yo no pretendo haberlo ya alcanzado" Felipenses 3:13.

Él no pensaba que hubiera alcanzado la perfección y nosotros tampoco debemos pensarlo. Si nos tomamos la molestia y el tiempo de indagar acerca de las áreas donde rozamos e irritamos a los que nos rodean, y tomamos las medidas necesarias para eliminar estas áreas seremos no sólo personas con las que será agradable vivir; seremos personas que provoquemos que otros también crean que esos cambios son posibles en ellos, por el poder del Todopoderoso Dios que quiere perfeccionarnos hasta el día de Jesucristo. Busquemos tener una convivencia más sana y santa en un mundo que está quebrado de imperfección.

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